Miércoles de Ceniza


Eduardo-Blandon-Nueva

El miércoles los cristianos cambian de frecuencia e inician un nuevo tiempo que les conducirá a vivir de manera frugal y en estado general de penitencia.  Comenzarán por ponerse una cruz en la frente, un rito externo que expresa una vivencia interior, para ponerse en cintura y hacer ejercicios espirituales para una vivencia más cercana con Dios.  Es el tiempo más ascético que presenta la liturgia católica.

Eduardo Blandón

 


Ahora se trata de vivir con rigor y limitaciones imitando a Cristo que, según los Evangelios, no tenía ni siquiera dónde reposar su cabeza.  Si los cristianos fueran consecuentes, harían ayunos y se abstendrían de la carne (incluso de los apetitos sexuales).  El viernes sería el día penitencial por excelencia.  Por cuarenta días, el vino y el licor en general brillarían por su ausencia en la vida del creyente.  Las cantinas tendrían que cerrar y los lugares de encuentros clandestinos para amarse a escondidas, tendrían que ponerse en sintonía con el tiempo cuaresmal.
 
Las confesiones tendrían que aumentar.  Los curas deberían terminar fatigados por las largas colas de cristianos que se reconcilian con Dios.  Ahora es tiempo de elevar los ojos al cielo y pedir piedad al Dios justiciero por la iniquidad natural que brota de la fragilidad humana.  Juan el Bautista se convierte en icono: una voz que clama en el desierto y pide la conversión del corazón.  Es Cuaresma, se dice, tiempo de renovación.
 
Los cristianos deberían dejar las tiendas vacías y abstenerse del consumismo habitual.  Los fumadores abandonan el cigarro.  Los prestamistas postergan el cobro de intereses.  Los empleadores no despiden a nadie y los asalariados trabajan más.  Bienvenidos a la Cuaresma, el mundo cambia de color y se nos recuerda que “polvo somos y en polvo nos convertiremos”.
 
Son fechas propicias para ejercicios espirituales, “ejercicios de la buena muerte”, como le llamaba san Juan Bosco.  Como los primeros cristianos es tiempo de visitar las catacumbas y meditar con calavera en mano sobre lo efímero de la vida. “Vanitas vanitatis”, como decía el autor sagrado.  La vida es breve y hay que vivirla con intensidad siempre dando gracias a Dios por los dones recibidos.
 
Cuaresma es también el tiempo por excelencia de la caridad.  Si tengo dos pares de zapatos, regalo uno.  Y si quiero ser radical me quedo descalzo.  Los cristianos sufren en este tiempo por los que no tienen techo y no comen, por eso regalan sin limitaciones haciendo el bien.  “Todo lo que hiciste con ellos, lo hiciste conmigo”.  Van en busca del Cristo desterrado y los acogen en su casa.  Nunca dan tanto testimonio del amor al prójimo con en estos cuarenta días.
 
En mi corazón guardo la esperanza que a partir del miércoles los cristianos revolucionen el mundo.  Sí, justo como lo hizo ese hombre que dicen seguir.  Que el mundo les juzgue si la vida sigue igual como el martes de carnaval.