Mientras no aparezca el cuerpo del delito…


Oscar-Marroquin-2013

Alguno de los abogados que tuvieron participación en el proceso seguido contra los involucrados en la desaparición de Cristina Siekavizza dijeron que había que estar tranquilos porque mientras no aparezca el cuerpo no se puede hablar de asesinato o de femicidio. Eso era para calmar a alguno de los implicados en momentos de nerviosismo, pero evidentemente la tendencia de la defensa del señor Roberto Barreda será justamente en esa línea, porque él mismo insiste en que supone que su esposa desapareció por voluntad propia y, como dijo con un buen toque de cinismo en su primera declaración a la prensa, “sólo Dios sabe dónde está Cristina”.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Hace unos meses, cuando murió el padre de Angelís Molina de Siekavizza, era evidente que no existían esperanzas de encontrar a los hijos de Cristina y se notaba la desazón en la familia. Hoy, en forma inesperada y para algunos milagrosa, se ha logrado dar con el paradero de su esposo, quien se fugó del país cuando supo que estaba siendo considerado sospechoso de la desaparición y empieza una nueva etapa que, no hay que hacerse ilusiones, será muy dura y difícil para la familia Siekavizza y, especialmente, para esos niños que estarán reviviendo con demasiada frecuencia los momentos de angustia y dolor que les ha tocado vivir.
 
Dicen que no existe el crimen perfecto y por lo menos en cuanto a la fuga de Barreda se ha probado que es cierto que, sea por azares o como producto de una buena investigación, se puede desenredar la madeja. Lo mismo puede pasar con la búsqueda del cuerpo de Cristina, porque esperar que en un arranque de decencia quien la mató haga una confesión y diga dónde está el cadáver es totalmente impensable. Por el contrario, lo que se anticipa es una férrea lucha legal en la que saldrán a relucir todas las capacidades de los más expertos procesalistas del país y no se puede uno hacer ilusiones tomando en cuenta los funestos precedentes que ofrece nuestro sistema de justicia, en donde lo parejo, lo general, es que el criminal quede impune y apenas lo extraordinario es que el delincuente sea castigado. Por eso me extrañó tanto la declaración emotiva del Arzobispo pidiendo que, a la luz de este caso, la justicia sea pareja y que reciba el mismo trato que todos los otros que no han sido investigados ni mucho menos aclarados.
 
Hay medios científicos que pueden fortalecer la acusación en contra de Barreda y el hecho de que el proceso tenga algunos colaboradores eficaces significa que se dispone de elementos como para proceder con relativa confianza a vincularlo con la desaparición de su esposa. Carecer del cuerpo de la víctima es un problema, pero aún si aparece, eso no significa que en forma automática se pueda dictar una sentencia porque en este caso se moverá cielo y tierra para usar todas las aristas que ofrece nuestro sistema de justicia a fin de evitar que se pueda llegar a una condena. No puede olvidarse que estamos frente a expertos en el tema procesal, profesionales que han vivido en las entrañas mismas de un sistema corrupto, perverso y complaciente que ha sido la esencial garantía para que en nuestro país sigamos viendo que el problema de la impunidad es el más serio de los que nos agobian como conjunto social.
 
Desde el punto de vista humano la búsqueda del cuerpo de Cristina Siekavizza de Barreda tiene más importancia para darle paz a la familia y la oportunidad de saber dónde se encuentra sus restos. Desde el punto de vista procesal es importante, pero ni es decisivo para lograr la condena ni fatal para impedirla.