En Guatemala y Centroamérica, los mexicanos son apreciados y respetados por su forma de ser, su gallardía, su música, su valentía, su Revolución, por supuesto por su patriotismo y por no subordinarse a los designios de su vecino del norte.
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Tristemente las autoridades mexicanas federales, estatales y municipales se han convertido en corresponsables de los asesinatos, de las mutilaciones, de las torturas, de las violaciones que millones de seres humanos han sufrido, especialmente en los últimos diez años, al ingresar a México y pretender trasladarse a través de su territorio hacia la frontera del norte.
Su responsabilidad se deriva de la omisión de no actuar y proteger los derechos humanos de estas personas; incluso, se podría decir que han consentido que algunas autoridades de los niveles menores se conviertan en cómplices activos de los delitos, faltas y vejaciones que hombres, mujeres y niños han sufrido en su territorio.
Es triste y doloroso señalar estas omisiones y en parte estas acciones de un país que ha sido ejemplo en América Latina. No se puede pretender que las garantías individuales y el respeto a los Derechos Humanos establecidos en su Constitución Política se omitan en su cumplimiento y observancia. El recorrer el articulado de su Constitución evidencia sin duda de ninguna especie ese espíritu de respeto al ser humano plasmado desde hace muchos años en su norma suprema.
¿Cuál sería la reacción y la solicitud de los mexicanos en general y su Gobierno, en particular, que plantearían a los Estados Unidos, a sus estados y comunidades o municipalidades si se masacrara a 72 personas, mujeres, hombres y adolescentes, de nacionalidad mexicana?
¿Cuál sería su indignación y reclamo si sistemáticamente se violaran a sus compatriotas mujeres en Estados Unidos?
¿Qué partido político en México consentiría los abusos, vejaciones, delitos y faltas que se han cometido en contra de los migrantes que de buena fe y buscando, igual que millones de mexicanos, una vida mejor, un trabajo mejor remunerado, un sueño de bienestar inmigran? ¿Qué dirían si el trato y circunstancias fueran las que han tenido que sufrir sudamericanos y centroamericanos en su camino hacia el norte?
Las actuales autoridades federales, estatales y municipales están emplazados, ante los ojos del mundo y del resto de América Latina, no podrán borrar ese crimen de lesa humanidad y los anteriores que también se han cometido si no adoptan una actitud de persecución, captura y condena de todos aquellos individuos, parte de los gobiernos, de las mafias o carteles que han llegado a esos extremos.
La situación y los hechos que se han producido colocan al Gobierno de México ante una situación como la de Croacia y si no la logran detener podríamos llegar a hablar de un holocausto comparable al que se produjo en Alemania en la Segunda Guerra Mundial, durante el oprobioso Gobierno de Adolfo Hitler y su nazismo.
Como dice una expresión: «O todos hijos o todos entenados». La protección como seres humanos les corresponde a todos y de la misma manera que se debe repudiar la barrera física entre México y Estados Unidos, las leyes discriminatorias en base al color de la piel, al origen debe aplicarse en todo el mundo, especialmente en México.
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