«Metida de pata»


Con estos términos calificó el presidente Colom la ligereza del diputado oficialista Nery Samayoa, al decir que el primer mandatario podrí­a tomar la decisión de desintegrar el Congreso. Pues yo también comparto ese criterio, porque decir que quien manda en el Congreso, no de ahora sino desde hace mucho tiempo es el Presidente de la República, es haber dicho la realidad que se vive en nuestro paí­s, en donde nos jactamos de tener un régimen democrático, representativo en los tres Organismos del Estado, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, en que la subordinación entre los mismos está prohibida por la Constitución. Para mí­, quien diga que el Congreso no está subordinado del Ejecutivo no vive en nuestro paí­s o su fanatismo no le permite ver el chantaje, la manipulación, abuso de autoridad o la presión constante que el Presidente ejerce para imponer su voluntad. Si alguien todaví­a lo duda, lo invito a darse una vuelta por la Hemeroteca Nacional para consultar la innumerable cantidad de información consignada en los medios escritos del paí­s.

Francisco Cáceres Barrios

«Metida de pata» fue entonces la infidencia cometida por el subjefe de la bancada oficial ¡pero dijo la verdad! El hecho más reciente que demuestra la prepotencia del primer mandatario sobre el Congreso fue cuando manifestó (Prensa Libre, 3 de mayo 2009, página 6): «Todo tiene un proceso; tenemos leyes de seguridad y muchas otras pendientes, pero la ley de postulación tendrá que esperar su cola». ¿Caben más explicaciones para demostrar que la mayorí­a del Congreso depende del Presidente?; ¿no es evidente que en el recinto parlamentario se hace lo que él dispone? Tampoco es primera vez que los guatemaltecos comprobamos el irrespeto hacia la Constitución, por lo que quienes han pensado en que serí­a bueno sentar un buen precedente interponiendo una demanda de antejuicio, no debieran dejar pasar más tiempo y proceder con toda diligencia, puesto que de lo contrario vamos a seguir en las mismas, a pesar que los interesados digan lo contrario.

Es por ello que yo creo que el diputado Samayoa no pasó de ser infidente, flojo de lengua o hasta poco inteligente si se quiere por no callar la verdad que ha venido sucediendo entre el Ejecutivo y el Legislativo. Pero la culpa no es toda suya, claro él podrá ser una pieza más del juego, pero los verdaderos causantes son toda esa pléyade de politiqueros sin criterio propio que viven disfrutando de las mieles del poder a costa de ser comparsas para burlarse de las leyes y de la inteligencia de la población, la que por cierto no tiene un pelo de tonta, pues hace rato dejó de seguirse tragando discursos, declaraciones o conferencias de Prensa que resultan inútiles ante verdades tan evidentes, a pesar del montón de propaganda mentirosa que ha caracterizado a este gobierno. ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir apreciando a granel «metidas de pata»?