El Mercosur es una «realidad geopolítica ineludible» mal que le pese a los «mercocríticos», dijo el canciller brasileño Celso Amorim al abrir hoy la reunión ministerial previa a la cumbre en Río de mandatarios de un bloque agitado por problemas internos.
Amorim citó como prueba de esos avances la reciente adhesión de Venezuela al Mercosur, cuestionada por haberse pactado sin definir las modalidades de adaptación de Caracas a las reglas comunitarias y por haber dado un peldaño a las diatribas del presidente Hugo Chávez contra Estados Unidos.
«Hay una percepción clara de que el Mercosur no es sólo una integración del Cono Sur sino de toda América del Sur, y la entrada de Venezuela fue decisiva para modificar esa percepción», dijo el ministro.
«Es natural que todos aquellos que podríamos llamar ’mercoescépticos’ o ’mercocríticos’ se inquieten cada vez que sucede algo como el ingreso de Venezuela, porque de ese modo nuestro bloque se fortalece», subrayó.
El ingreso de Caracas reforzará en particular la integración energética y la proyección de los demás socios hacia el Caribe, explicó.
También atribuyó «enorme importancia» al pedido de adhesión de Bolivia, cuyo examen debe quedar en manos de un grupo de trabajo que se constituirá en esta cumbre, que transcurrirá de hoy a mañana.
«El Mercosur es una realidad geopolítica y geoeconómica ineludible en el contexto internacional», dijo Amorim.
En la historia del bloque formado en 1991 «hubo momentos altos y menos altos, pero siempre el deseo de una mayor integración», aseguró.
La cumbre de Río debe discutir medidas para disminuir las distancias entre los dos socios menores -Paraguay y Uruguay- con las dos economías mayores de la zona (Brasil y Argentina).
Entre esas medidas figura la atribución de proyectos de un Fondo de Convergencia Estructural (FOCEM), de unos cien millones de dólares al año, para proyectos de integración productiva y comercial.
Brasil quiere además otorgar concesiones a Paraguay y Uruguay, como la supresión de un impuesto que esos países le pagan cuando le venden productos comprados en terceros países.
Pero Argentina cuestiona esas iniciativas pues cree que violarían normas del Mercosur y expondrían a la región a una invasión de productos extranjeros.