Mundialmente habrá que ver cuánta fue la utilidad de las casas farmacéuticas que fabricaron los medicamentos «específicos» para el virus de la Gripe H1N1, las que se armaron de dinero gracias al favor impagable que les hizo la Organización Mundial de la Salud. Pero localmente es importante señalar que un estado con tantas limitaciones como el nuestro tuvo que gastar enorme cantidad de recursos para comprar las dosis de los medicamentos y vacunas y hoy en día las bodegas del Ministerio de Salud están llenas y el ministro informa que seguirán aplicando las vacunas para acabar el producto, pese a que la enfermedad no tiene la gravedad que se dijo inicialmente.
La OMS debiera de reembolsar a los países del mundo que incurrieron en gastos adicionales por la metida de pata de esa burocrática institución, porque no es justo que se descuiden otros campos de la salud por un error de tan grueso calibre y que cuesta mucho creer que una entidad tan científica haya cometido sin que mediara la mala fe y la componenda con las empresas que fabrican medicamentos.
Siendo la OMS una institución multinacional que depende de los Estados miembros del Sistema de Naciones Unidas, debiera enfrentar un proceso de fiscalización iniciado por los miembros para determinar el nivel de responsabilidad de las autoridades que generaron un clima de miedo absolutamente injustificado y que tuvo repercusiones económicas muy serias que, como paradoja, minaron la capacidad de países pobres como el nuestro para invertir en temas que sí eran críticos en el campo de la salud.
Por supuesto que no se podrá esperar ninguna reacción de autoridades de países en donde, siguiendo el juego de la OMS, se hicieron negocios con la compra de medicinas y vacunas sobrevaloradas, como es costumbre, puesto que la advertencia mundial lanzada por la Organización Mundial de la Salud terminó sirviendo a esos funcionarios corruptos como instrumento para abrir la oportunidad de nuevos y lucrativos negocios. Haría falta que países gobernados con criterios de decencia iniciaran acciones en contra de esa burocracia corrupta, porque no se trata de una cuestión sencilla ni de efectos limitados, sino que desatando un temor, ese sí, pandémico como resultado de una maniobra que únicamente tenía la finalidad de alentar negocios.
Si la comunidad internacional es tan exigente al denunciar corrupción, poniendo el dedo para señalar concretamente a algunos países, justo es que cuando se evidencia un caso tan sucio como el de la pandemia de la gripe H1N1, los burócratas involucrados tengan que asumir la responsabilidad y no sólo abandonar los cargos, sino enfrentar las consecuencias penales.