Es increíble lo ilusos que somos, y cómo nos creemos muchas mentiras. Pronto, alguien recordará la famosa frase «Préstame cinco quetzales… te los pago mañana», que es repetida hasta el cansancio, mientras que el billete sigue saliendo.
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Nuestro sistema de impunidad está enraizado en las esferas más cercanas, las cotidianas y hasta en las familiares; hasta en nuestro lenguaje nosotros arropamos las mentiras, creyéndonoslas, incluso aquellas que se dicen en cada campaña electoral, o en cada inicio de gobierno.
Por ejemplo, una excusa escuchada cada cuatro años es aquella: «En este primer año de gobierno, no pudimos cumplir nuestra agenda, porque tuvimos que arreglar el desorden que nos dejó el presidente anterior». Ajá. Pobrecitos. Prácticamente les roban un año de mandato.
Ante cualquier conflicto, sobre todo con campesinos, casi siempre dicen: «Hemos propuesto una mesa de diálogo para resolver el problema», con lo que se logra hacer tiempo, hasta que al cabo de los meses, los demandantes observan que el diálogo no avanza, por lo que vuelven a protestar. «Â¡Qué lástima que rompieron el diálogo!», dicen cuando se levanta una manifestación.
«La construcción de la carretera no ha continuado, porque no nos han depositado los fondos.» «Los beneficiarios del programa prefieren seguir en el anonimato.» Simón, muchá. Está bueno. Lo peor, es que años después, se lamentan de que sus «semillas» no dieran «frutos»: «Cuando yo fui Presidente, impulsé importantes mejoras… no sé por qué ya no continuaron.»
Otros que son usualmente quejumbrosos (por no decir mentirosos) son los Ministros de Gobernación, que tienen el salvoconducto de echarle la culpa al anterior. «Ya estoy cansado de tanta violencia, por eso, prometo ejercer el Ministerio de Gobernación con mano dura».
«Si sufre de extorsión, ¡denúncielo! Su llamada será anónima.» Ja ja. Ya vas. Mejor salgo huyendo de la policía y los extorsionadores. «Es que no podemos capturar a los delincuentes, si la población no denuncia». ¿Acaso se ha capturado a los que se denuncian, pues?
Sí, pues. Entonces, veamos las excusas de la Justicia. «Sabemos que está implicado en el delito, pero debemos respetar el debido proceso». Bueno, entonces -AL MENOS-, déjelo en prisión preventiva. «Es que como no le veo peligro de fuga, le otorgo una fianza de 40 millones de quetzales; ¿está enfermito?, entonces que sean 5 millones». Y ahí andan ex funcionarios y diputados tranquilos, dejando parte de los fondos desviados en el Organismo Judicial.
La mayor impunidad se da en los grandes desfalcos. ¿Qué dice la Contraloría? «El monitoreo contra la corrupción no ha evidenciado excesos», o bien «Acabo de recibir el informe de gastos, pero aún lo estoy analizando.»
¿Y la gente normal? ¿Confía en la justicia? «Lamentablemente fue linchado. La población no quiso confiar en la Policía para que lo entregue a la Justicia.» No se dan cuenta que la impunidad genera estas cosas.
Y el «Honorable del Congreso, y sus diputados, ¡padres de la patria!», ¿qué dicen? Para llegar, prometen el oro y el moro. «Si me eligen diputado, impulsaré la reforma del Congreso para reducir el número de legisladores», y cada año vemos cómo aumentan las curules. Pero, ¿hacen algo? «Sí, claro. Ya hemos consensuado una agenda de paquetes de leyes urgentes para el país». ¡Qué bueno! Entonces, ya estamos a salvo.
Como dice Arjona, el problema no es que mientan, el problema es que les creemos. (http://diarioparanoico.blogspot.com)