Reducirle dos años a la mayoría de edad supone para algunos la solución para reducir los índices de criminalidad en donde los menores son los protagonistas, sin embargo, esa idea sólo significaría una forma más de represión sin atender la prevención, según expertos.
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«Por orden constitucional, el Estado no puede reprimir a los adolescentes en conflicto con la ley, de la misma forma como lo hace con los adultos», advierte Byron Alvarado, asesor jurídico del Movimiento Social por los Derechos de la Niñez, Adolescencia y Juventud, MSDNAJ.
El abogado hace esta afirmación luego que se le consultara sobre la posibilidad de reducir la mayoría de edad a los 16 años, para que los jóvenes transgresores de la ley, sean perseguidos penalmente como un adulto.
Alvarado asegura que de intentarse una reducción para la mayoría de edad penal, se requeriría de una reforma a la Constitución; además de renunciar a la Convención sobre los Derechos del Niño, puesto que Guatemala aceptó junto a más de 190 Estados, a través de la ratificación de ese tratado internacional, que la mayoría de edad se inicia a los 18 años.
«Se aboga por un derecho penal democrático, donde se conciba a niñez y adolescencia como inimputables, sin embargo, esto no significa que sean irresponsables», enfatiza el experto.
Actualmente el diputado Gudy Rivera, del Partido Patriota, preside la Comisión del Menor y la Familia, y, en la legislatura pasada fue el partido del puño, quien impulsó una propuesta para reducir la mayoría de edad.
No obstante, el Movimiento Social asegura que, al menos hasta octubre de este año, ese tema está fuera de la agenda legislativa de esa comisión, de acuerdo a lo pactado con Rivera.
Delitos de alto impacto
Homicidio, homicidio en grado de tentativa, asesinato, asesinato en grado de tentativa, secuestro y violación, son los delitos por los que más ingresan los jóvenes a los centros carcelarios, los cuales son catalogados de alto impacto, por el daño que causan a la sociedad.
Por tal razón, existen quienes consideran que con base en ese «alto impacto», los jóvenes deberían ser castigados con penas más severas que inhiban la comisión de tales delitos. Actualmente la mayor sanción que se impone por estos hechos es de seis años, de acuerdo con la Ley de Protección Integral de Niñez y Adolescencia.
«Se ha comprobado en estudios hechos a nivel latinoamericano que la reducción de la mayoría penal y la imposición de castigos penales más severos no desestimula a los adolescentes a cometer delitos», asevera Alejandra Vásquez, del MSDNAJ.
Prevención del delito
Según los defensores de la niñez y adolescencia, se debería debatir para que el Estado le da vida a las políticas públicas integrales para la prevención del delito y no se concentre en la búsqueda de medidas represivas.
«Existe una inadecuada comprensión del fenómeno de las pandillas y la violencia por parte de las autoridades, así como de la sociedad civil», advierte un estudio de Unicef.
La Alianza para la Prevención del Delito, Aprede, estima que existen entre 150 mil y 200 mil miembros de pandillas juveniles. «Por las raíces profundas del fenómeno, es necesario un abordaje integral que considere el contexto global de relación entre pobreza, desigualdad y violencia», indica el Fondo de Naciones Unidas.
«Si los adolescentes no tienen oportunidades de empleo, acceso a la distracción, diversión, si no pueden culturizase, educarse, la única opción que se les presenta es ésta», sentencia Alvarado.
Perfil delictivo
Según Nora Escobar, directora del Programa de Adolescentes en Conflicto con la Ley, de la Secretaría de Bienestar Social, la mayoría de los adolescentes internos no son reincidentes y tampoco poseen un perfil delictivo alto.
«Hay algunos que delinquen dentro de los centros, que agreden a sus propios compañeros, al personal de la institución; que tienen esa conducta conflictiva, pero no la mayoría», asegura la funcionaria.
A criterio de Escobar, una de las mayores limitantes para atender apropiadamente a la población, tanto en infraestructura como en la rehabilitación, es la carestía de personal debido a la falta de recursos. «Lo que hemos hecho es adaptarnos, porque no ha habido voluntad de los gobiernos anteriores», se lamenta. A la fecha, dos de los tres centros para varones rebasan su capacidad.
De enero a abril de este año se ha atendido una población de 680 adolescentes, en los cuatro centros. Mientras que en el mismo período del año pasado, se habían internado unos 473.
En 2007 se contabilizó un total de 1,722 hombres internos y 73 mujeres. A la fecha hay apenas 3 jovencitas cumpliendo sanción de internamiento. Según Escobar, fueron remitidas por complicidad de secuestro y asesinato. Una de ellas fue capturada porque guardaba el arma que se usó en la comisión del delito.
«Las mujeres tienen menos incidencia. Al menos se puede comprobar que como hechoras materiales ingresan menos, pero puede ser porque están bajo de agua; en cuanto a la intelectualidad de los delitos, no se puede comprobar», dijo la funcionaria.