Mendelssohn, la esencia de su música VII


Este viernes llegamos a la séptima y final entrega de Temas Musicales dedicada al compositor alemán Felix Mendelssohn y como homenaje a Casiopea, esposa sublime y dorada, exquisita esencia que radiante de sol, ha cegado mis pupilas.

Celso Lara

Felix Mendelssohn fue otro músico que, como Mozart, vivió una existencia extraordinariamente fugaz; tan rutilante como fecunda. Sus contemporáneos fueron los grandes nombres del romanticismo musical.

Su formación fue inicialmente clásica y rotundamente académica, por lo que sus influencias concretas las recibió ante todo de los viejos maestros del siglo XVIII. Por un lado, perteneció al mundo refinado y delicadamente melódico de los operistas, como Vicenzo Bellini y Gaetano Donizeti, aunque por otra parte tuvo una dimensión en profundidad semejante a Shumann.

Su romanticismo tuvo también raí­ces más clásicas por lo que, cuando elaboro citas anecdóticas con motivo de sus viajes, ellas adquirieron un carácter mucho más poético que documental. Salvando las enormes diferencias de estilo y técnica, fue en este sentido más afí­n al poematismo pianí­stico de Franz Liszt.

Ningún contacto existe en el cambio con la fórmula populista y colorista de un compositor casi contemporáneo, alemán del todo como lo es Mendelssohn, con el ruso Mihail Glinka. Ello debido a que el compositor alemán se encuentra anclado en parte en el fondo clásico que mencionamos, en tanto que el compositor ruso -Glinka- es el nuevo portador del nuevo mensaje de la renovación orquestal que acabarí­a por confluir en los grandes sinfonistas eslavos, como seria igualmente el propio Smetana respecto de la música en Bohemia. El proceso musical de Mendelssohn alcanzarí­a, más bien, una continuidad hacia el estilo propio de Brahms, por supuesto mucho más severo y profundo en toda la extensión de la palabra.

La auténtica proyección de Mendelssohn se concreta en cambio en el campo oratorio y la cantata que florece por doquier durante la segunda mitad del siglo XIX.

No existirá apenas compositor de aquella época que no posea en su haber, en un instante u otro de su carrera, una cantata o un oratorio y que en el fondo no deba alguna contribución a la fórmula mendelssohniana. No en vano habí­a sido el redescubridor de J. Sebastián Bach de quien, a la edad de veinte años habrí­a vuelto a dirigir la Pasión según San Mateo. Semejante modelo influyó decisivamente en su impronta musical. La influencia académica que mencionamos puede decirse que acabó prolongándose incluso en ambientes de conservatorios oficiales hasta bien entrado el siglo XX.

Finalmente, en la época madura de Mendelssohn su obra destaca por su profundidad. Hacia 1827 viajó a la Escocia de Walter Scott y de allí­ regresa con el famoso tema del primer movimiento de la sinfoní­a que recibirí­a luego el nombre de aquellas tierras y con los bocetos de la obertura La Gruta del Fingal.

No tardó en entrar en contacto con Goethe, relación que se prolongo en Weimar, y de esta influencia surgió la necesidad viajar ahora hacia el sur de Europa, como harán los poetas ingleses, deseosos de aproximarse a un ideal de belleza clásico.

En este viaje da como resultado su otra sinfoní­a, la celebre y exquisita Italiana. No obstante toda esta suerte de escenarios nostálgicos, su carrera prosigue y es llamado por la Sociedad de la Gewandhaus de Liepzig para ocupar el cargo de Director. Mendelssohn se ve obligado a asumir una importante tarea de auténtico funcionario, además de conductor, compositor y pianista.

Con respecto al punto personalí­simo de romanticismo formalista que hay en él, o sea de estructura clásica, ha inducido a establecer una muy singular comparación de su música con la dulzura de la pintura de Murillo. Es una comparación aparentemente insólita pero realmente atinada.

El critico Bulliremos lo ha afirmado así­ cuando dice: muchos aficionados a la pintura estarán de acuerdo con ello y habrán de convenir que esta comparación nada tiene de peyorativo ni humillante, puesto que no es frecuente encontrarse con músicos que merezcan semejante homenaje. Este aserto es además doblemente valido por el gran número de obras de aliento religioso que alcanzó a componer Mendelssohn en corta vida.