Memoria reciente (Final)


En el área de la desembocadura del Motagua dentro de la llamada área de Reserva de Manabique, una Reserva solo de palabra como suceden muchas cosas en Guatemala, los ganaderos y los piratas del Golfo hacen de las suyas y se posesionan de los estuarios marinos con lo que la fauna ha ido desapareciendo junto con el bosque.  Obtuve una fotografí­a aérea satelital del año 1982 y otra de 2006 en la cual se puede comparar en sólo 24 años una devastación impresionante.

Doctor Mario Castejón

  El área de las Barras cercanas al Motagua es única en Guatemala en cuanto a su eco sistema ya que dentro de sus ciénagas y marismas sobreviven adaptados como lo han hecho desde hace tres millones de años alrededor de 200 cocodrilos de agua salada ya adultos que miden entre 12 y 20 pies de largo, sólo eso deberí­a ser suficiente incentivo para tratar de proteger aquellas ciénagas que también poseen otra riqueza biológica y evitar que sean desecadas con objeto de meter unas cuantas vacas a comer pasto de baja calidad.

 

Allá por el mes de junio del año 2002 hicimos un recorrido con Brent Steury por distintos lugares de la Reserva de Manabique y él se encargo de lanzar el alerta a todas las organizaciones que trabajan en la protección de la vida salvaje. 

Intentamos ubicar el hábitat de verano del cocodrilo de agua salada, pero no lo logramos esa vez sino hasta un año más tarde, cuando pudimos trazar su recorrido de las ciénagas a la playa en la época en la que las hembras ponen sus huevos en la arena,  allá por el mes de abril y los animales se acercan confiadamente a la vecindad del mar.

  El hábitat de los cocodrilos en la zona del Motagua Viejo es un área de más o menos 50 manzanas, entre una y media y tres caballerí­as de las cuales osadamente nos posesionamos como dueños y señores para proteger a los saurios y señalamos con pilotes de cemento los esquineros, el propósito actual es encontrar una Organización que se haga cargo de implementar un sistema de vigilancia en el lugar.  Fue un trabajo arduo, extenuante, acarreando con todos los implementos necesarios para fundir y se logró gracias a la tenacidad del arqueólogo Otto Romas quien me acompañó en esa aventura.  La ubicación del recorrido de los cocodrilos la logramos posteriormente en compañí­a de Iban Murube quien se dejó venir después de encontrarse en un trabajo relacionado con el tema de conservación y fotografí­a en Namibia, ífrica.

Para aligerar un poco el tema ya mencioné en una entrega previa como fue que conocí­ a Iban Murube, el joven naturalista, con el look de un artista de cine que hací­a suspirar a todas las jóvenes en edad de merecer de las aldeas de la Costa del Caribe guatemalteco y en cualquier sitio de Izabal, con su cabello rubio quemado y su cara de bueno.  Volví­ a ver a Iban en Madrid con la diferencia que allá no se movilizaba en una bicicleta alquilada frente al Hospital Infantil.  Allá en Madrid se moví­a en un Mercedes 300 de modelo 1980 con tapicerí­a de cuero color beige claro, y descapotado que me hací­a pensar al ver tanto al hombre como al vehí­culo en T. Lawrence, el llamado Rey sin Corona de Arabia.  Lawrence también como Iban era un loco por los carros descapotados y el suyo con el que atravesaba el Desierto entre Siria e Irak y los Emiratos írabes actuales persiguiendo a los trenes repletos de tropas turcas durante la Primera Guerra Mundial lo era, el Blue Mhist que así­ llamaba Lawrence a su Roll Royce tuvo que ser entregado a las autoridades británicas cuando él se retiro del Ejercito aduciendo que no tendrí­a dinero suficiente para pagar la gasolina que consumí­a.

 

Trasladándome de Motagua Viejo al lugar donde hemos vivido en la Bahí­a de Santo Tomás estos trece años, la selva que la circunda no está rodeada de ciénagas y arenales, se trata de una selva frondosa  circundada de colinas y con presencia de arroyos cristalinos que desaguan  en la Bahí­a.  Cerca de la playa está a la vista la Isla del Pirata sin Cabeza también llamada la Isla de Sir Francis Drake en donde se refugiaban los galeones del pirata inglés para no ser visto por los piratas españoles que pasaban a lo lejos sin entrar en la Bahí­a.  También es un lugar de ensueño con rocas de formas caprichosas que recuerdan aquellas de Capri en donde vivió y murió Tiberio, el César.  Temprano por las mañanas se cruzan manadas de manatí­es buscando sustento a pesar de la relativa proximidad de los barcos y del trají­n del puerto.  Los barcos abandonados como chatarra son depositados en la Bahí­a sin importar que solucionan y obstruyen el paso, Guatemala es el único lugar del mundo en donde un puerto activo es un botadero de chatarra marina.

En todo caso Santo Tomas de Castilla es un lugar agradable para vivir, todo está a la mano y lo único que ha cambiado es la inseguridad de la que es dueña todo el departamento de Izabal en donde abundan por la calle los empistolados y los muertos que aparecen frecuentemente asociados con estos.  En el mediodí­a el calor llega a los 40 grados y hasta más y en el atardecer la brisa y el canto de los pájaros suavizan el entorno y el paisaje.

Estas memorias de recuerdos de algunos pasos dados en trece años hacen pensar lo corto que es la vida y lo mucho que quisiéramos hacer en el tiempo que queda aunque quizás lo más importante es sentir que todaví­a podemos ver hacia adelante y remar mar adentro en lo que queda de ese recorrido.