Una mejor política fiscal será la principal herramienta para capear la crisis económica que se cierne sobre América Latina, concluye la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en su informe sobre perspectivas económicas para la región, divulgado hoy.
La correcta gestión fiscal, tanto desde el campo de los ingresos como del gasto público, «puede constituir un elemento esencial para mantener un crecimiento sostenido en tiempos de incertidumbre económica global», dice el informe Perspectivas Económicas para América Latina 2009, divulgado hoy en San Salvador, sede de la XVIII Cumbre Iberoamericana, a partir de mañana.
«Los sistemas fiscales pueden proporcionar los recursos necesarios para llevar a cabo inversiones y transformaciones estructurales en pro del crecimiento. Los impuestos y el gasto público pueden luchar directamente contra la pobreza y la desigualdad, un doble problema que continúa asediando a la región», agrega.
Y es que ante la crisis, «no hay disociación» para América Latina, especialmente si se tiene en cuenta que la integración de la región en los mercados internacionales no ha hecho sino crecer en los últimos años, recuerda el secretario general de la OCDE, el mexicano Angel Gurría, en la presentación el informe.
Aunque los autores mantienen «un prudente optimismo acerca de la resistencia económica de la región», atrás ha quedado la bonanza económica, que alcanzó su cénit en 2007, con un crecimiento anual del PIB del 5,6 por ciento y un nivel histórico de inversión extranjera directa, que superó los 100 mil millones de dólares en la región.
Las últimas previsiones de crecimiento para 2009 se sitúan por debajo del 4% (FMI) y el 4,7% (CEPAL), recuerda la segunda edición de este informe, que sostine que «la senda por la que conviene seguir es la de la calidad de la política fiscal».
Sin embargo, la última previsión de la CEPAL rebaja el crecimiento para la región a menos del 3%.
No obstante, el director del Centro de Desarrollo de la OCDE y economista jefe Javier Santuso, reconoce las mejoras registradas en los últimos años.
«El anclaje fiscal y monetario ha dotado a las economías latinoamericanas de mayor resistencia frente a los choques externos», pues hace «tan sólo una década, una desaceleración económica como la que atraviesa el mundo en la actualidad hubiera hecho caer las economías de la región como fichas de dominó», confiesa Santuso.
El informe recomienda «un cambio de enfoque» para «sacar el máximo provecho del potencial que encierra la política fiscal como instrumento de desarrollo», pues actualmente, «los bienes públicos esenciales, como la salud o la educación, no responden a las necesidades de desarrollo de la región ni alienta a los ciudadanos a comprometerse con el Estado».
La política fiscal «debe servir de instrumento para promover la cohesión social y la consolidación democrática en América Latina», dice esta publicación del Centro de Desarrollo de la OCDE, en el que participan cuatro países de la región: Chile, Colombia, Brasil y México.
Tanto el ingreso como el gasto público en América Latina se hallan muy por debajo del promedio de la OCDE.
Entre 1990 y 2006, los ingresos íntegros del gobierno totalizaron un promedio del 23% del PIB en América Latina frente al 42% en los países de la OCDE, mientras que los gastos totales representaron un promedio del 25% y del 44%, respectivamente.
Los ingresos tributarios sólo constituyen un 16 por ciento del PIB en América Latina -aunque hay disparidades como el 30% de Brasil a poco más del 14% en El Salvador-, frente al 35% en los países de la OCDE, recuerda el informe.