¿Para qué queremos un Congreso que sin valores y principios siga legislando?, ¿qué clase de representatividad podremos encontrar los ciudadanos en una entidad en que el recinto parlamentario se utiliza de comedor; que la curul sea como una banca del parque central para hacer comentarios del juego de fut de anoche o para contar el chiste o chisme que flota en el ambiente?; ¿qué clase de moral, educación y urbanidad existe en el recinto parlamentario, que para que su Presidente conceda hacer uso de la palabra, hay que irle a tirar una botella de agua por la cara? Y ¿adónde vamos ir a parar que los que se autoproclaman haber sido investidos de la calidad de dignos, viajen a París con gastos pagados utilizando una invitación falsificada cínicamente?
Bueno, estimado lector, que sea yo el que le diga a usted qué clase de diputados hemos tenido a lo largo de la historia es un absurdo, por cuanto no hay quién no sepa que haciendo acopio de aquella sentencia que dice que «la excepción confirma la regla», los que han sido dignos representantes del pueblo guatemalteco se pueden contar con los dedos de la mano. De ahí que me pareció plausible y un hecho trascendental que el diputado, arquitecto Mario Fernando Flores Ortiz haya tenido la gentileza de enviarme el 7 de mayo una carta adjuntándome un ejemplar de su iniciativa de ley presentada en esa fecha al pleno del Congreso, que lleva el título de «Código de í‰tica del Parlamentario».
A mi manera de ver las cosas, aprobar una norma como la planteada no debiera ser calificada de sueño ni vana ilusión, sino deber fundamental de todo ciudadano que haya tenido honestas aspiraciones para representarnos. Es que no concibo que nuestro Congreso siga siendo el sitio donde en vez de trabajar día tras día la manera, forma o modo de lograr el bien común favoreciendo los intereses del pueblo, solo lleguen a satisfacer los personales. Por eso digo, si vamos a seguir en las mismas, sería mejor que fuéramos pensando en deshacer el Congreso, ¿o vamos a seguir soportando diputados inasistentes, sin interés y preocupación por lo que realmente importa al país, aparte de sus continuas transgresiones a sus leyes, cuando ellos debieran ser el mejor ejemplo de su cumplimiento?.
Algunos podrán calificar al diputado Flores Ortiz, quien por cierto me cuenta que no va a volver a buscar la reelección, de soñador, iluso o Quijote. Pero le digo a Mario, no importa, estoy seguro que tu iniciativa podrá servir de broma, sarcasmo y hasta de risa para tantos que cuando les conviene colocan los valores y principios como algo indispensable para ejercer la política, sin embargo, allá en su conciencia les importa un pito si esa es la verdad.