Mejor prevención


Hemos criticado en otras ocasiones la lentitud de las autoridades para reaccionar en casos de desastres naturales prevenibles como las tormentas que han afectado al paí­s, pero en esta ocasión creemos que hubo un mejor manejo de la crisis durante la tormenta Matthew y eso se tradujo, afortunadamente, en protección de la vida humana, no obstante que el territorio nacional estaba ya saturado por las constantes lluvias de este invierno.


Quedamos aún pendientes de la tarea de diseñar un sistema nacional de información que permita a todos los habitantes del paí­s conocer las medidas de emergencia que se tienen que adoptar en situaciones de esta naturaleza. Es seguramente el instrumento que más vidas permitirá salvar si disponemos de buen material que se debe trasladar a la ciudadaní­a cuando ocurre alguna desgracia o hay que prevenir tragedias que son predecibles.

Obviamente la radio es el medio de comunicación más dinámico y efectivo para esas situaciones, pero todos los medios tienen que ser parte de un esfuerzo colectivo por informar a la población si existen polí­ticas y programas ya definidos de qué es lo que tiene que hacerse en cada caso cuando se presenta una emergencia. Y eso tiene que ser el gran aporte de Conred, es decir, preparar todo el material a difundir para que con prontitud y también con eficiencia, se pueda poner en alerta a la población del paí­s.

Desafortunadamente las condiciones climáticas no apuntan a mejorar debido a que es obvio que hay cambios profundos que están afectando al planeta y, especialmente, a sitios de convergencia como puede ser la región centroamericana en la que se unen tormentas que se forman en el Pací­fico con las del Atlántico. Nuestro descuido por la naturaleza nos está pasando una factura sólo comparable con la que nos pasa la corrupción en la adjudicación de la obra pública que se ha traducido en construcciones de mala calidad que se destruyen con relativa facilidad.

La reconstrucción tras los desastres tiene que dejar de ser una fuente de negocios para convertirse en una polí­tica nacional de inversión con responsabilidad para proteger vidas y para mantener una infraestructura cuya destrucción significa atraso serio para el paí­s. Lamentablemente vivimos en un medio en el que la cultura de la corrupción hace que todo sea visto como oportunidad para hacer negocios y por lo tanto hasta las condiciones de riesgo y peligro terminan alentando los trinquetes para enriquecer a unos cuantos que saben cómo sacar provecho de todo. Eso tiene que terminar para que podamos disponer de obras mejor construidas y para que los recursos siempre escasos de la Nación sean aprovechados de la mejor forma posible.