Mejor no lo digas


César Guzmán
cesarguzman@yahoo.com

Muchas veces decimos cosas sin mucho meditar y sin mediar las consecuencias que nos pueden traer nuestras descuidadas palabras.

Al no pensar antes lo que decimos puede ser que lo dicho caiga sobre nuestra propia cabeza, como le sucedió a cierto hombre muy flaco, a quien casi siempre al subir el autobús que lo conducí­a hacia su trabajo, le tocaba compartir el asiento con otro hombre, muy obeso, el que lo oprimí­a al sentarse junto a él. Cansado de esa situación el flaco dijo un dí­a en voz muy alta, queriendo molestar al gordo:

-Serí­a mucho mejor negocio para los autobuses si cobraran por libra, en lugar de hacerlo por persona.-

-Si así­ lo hicieran, dijo riendo estruendosamente el obeso, usted tendrí­a que caminar siempre a pie porque estoy seguro que no les convendrí­a detenerse por los pocos centavos que cobrarí­an por usted!-

Así­ es siempre. Cuando no se medita lo que se dice, los efectos de nuestras palabras recaen sobre nosotros mismos.

Piensa siempre bien que dices y mira

bien a quien lo dices.