Pelamos al vecino, a la vecina, al mundo, a Raymundo y medio mundo. Nos hemos convertido en excelentes críticos. Sabemos, de qué cojea alguien, de su mala redacción y ortografía. De a quién se le olvida poner los puntos sobre las íes. Sin embargo, nuestra respuesta es reprochar, indignarnos por las circunstancias molestas e injustas. Pero mejor, no hacer nada, no asumimos ser responsables de nada, entonces, mejor no hacer nada.
crismodenesi@gmail.com
Que no estamos satisfechos; con las condiciones sociales, con nuestros gobernantes y con los aspirantes a ser los nuevos, con el trabajo realizado por variadas instituciones -estatales y no estatales- , con la inseguridad, con la violencia, con la falta de justicia, con la discriminación, con el estado de las calles, con el tráfico, con nuestros ingresos, con los lugares en donde estudian nuestros hijos e hijas, con nuestras familias, con nuestras amistades, con la forma de proceder de algunas personas, con nosotros mismos, con nuestra propia vida, con nuestro país, Guatemala, y con… Pero la respuesta que con mayor frecuencia se escucha es, mejor no hay que hacer nada. Y sí, se es creyente religioso: «primeramente Dios nos dará una solución».
La crítica tiene valor y como leía alguna vez, sí las condiciones son pésimas, por qué no sentirnos pésimos. Sin embargo, la crítica sin una respuesta concreta a solucionar realidades adversas. Se convierte en una fuente de desesperanza, de baja autoestima y de perpetuación de las situaciones que consideramos indeseables. Además, realizando únicamente este tipo de práctica, disminuimos el sentido de la vida.
Sí dejamos de soñar con realidades distintas, omitimos nuestra creatividad para construir otras realidades. No podemos vivir únicamente de ilusiones, pero ellas nos ayudan a contemplar la vida en otras tonalidades y a visualizar otras formas de existencia. También, nos ayudan a sobrevivir en momentos difíciles y a plantear posibles soluciones.
Queremos lamentarnos, está bien, pero encontremos un espacio físico y temporal para ello. Será conveniente expresar y dar libertad a nuestro pesimismo. Pero, de una manera limitada, ¡por favor! no durante las 24 horas del día.
Que se necesitan cambios para obtener una mejor convivencia social y una mejor calidad de vida en nuestro país. Es indudable. Pero, cuando hablamos de los mismos, casi siempre consideramos como única alternativa los provenientes a las estructuras sociales. En ellos se involucran demasiadas personas, con intereses muchas veces contradictorios. Deseamos mover el piso de la sociedad, sin ni siquiera, intentar mover nuestro piso.
No sé cuáles sean las posibles respuestas para tantas disconformidades, pero lo que sí sé, es que algo se debe comenzar a hacer. Al referirme a ello, también pienso, por qué no comenzar por lo más cercano y lo más accesible de hacer. Dentro de nosotras y nosotros mismos.
Yo deseo, al igual que muchos de ustedes, que cambie el mundo. Porque se pinta muy mal, pero todos somos parte de este mundo y nos cuesta reflexionar a nuestro interior. Sí hoy por ejemplo, todas y todos nos comprometiéramos con un fin en particular, por ejemplo: No desear más violencia. Para lo cual, podríamos hacernos cargo de nuestra propia violencia y propiciar una conducta distinta. Considero que en algo cambiarán las cosas. Y esto también podría influir en el accionar de las personas a mi alrededor.
Por favor, no desearía que consideraran que mi planteamiento es lo único que creo necesario para acabar con tantos problemas. Esto sería algo imberbe, solamente sugiero que sí podemos comenzar a hacer algo, ¿y porqué no?, iniciarlo desde lo que nos es más asequible, desde nosotras y nosotros mismos.
Me es difícil creer en cambios grandiosos y radicales para una sociedad. Cuando no somos capaces de instaurar los pequeños dentro de nuestra vida personal. Alguna vez tuve la oportunidad de estar dentro de una organización de derechos humanos, en donde quien dirigía un área de ésta, se comunicaba de manera abusiva e irrespetuosa con subalternos-gran contradicción- ¿Verdad?
Las múltiples disciplinas científicas, la participación de los gobernantes y el pueblo podrían realizar propuestas significativas para que la sociedad pueda lograr fortalecerse y encontrar respuestas a sus problemas. Pero, no dudo que, algo hay que comenzar a hacer. No podemos vivir con tanta impotencia sin llegar a sentirnos lesionados en nuestro espíritu como humanos.