El ejército israelí invitó a un grupo de una decena de periodistas extranjeros a la franja de Gaza para «mostrarles» la guerra, una visita que se redujo a una limitada vuelta por la desierta localidad de Atatra, lejos de los combates, las bombas y las víctimas.
A bordo de dos vehículos blindados, reporteros y fotógrafos atraviesan la frontera entre Israel y la franja de Gaza, circulando por carreteras arenosas, revueltas por las orugas de los tanques.
Pero el convoy se detiene apenas media hora después, en Atatra, una localidad de agricultores cercana a la costa, donde reina la calma.
Sus habitantes huyeron ante el avance de las tropas israelíes, que entraron en el territorio palestino para poner fin a los disparos de cohetes contra el sur de Israel.
Los periodistas perciben a lo lejos una columna de humo negro en la ciudad de Gaza. Unas horas antes, obuses israelíes habían provocado un incendio en varios depósitos de la ONU.
Pero en Atatra no hay muertos, heridos ni combates. Y el ejército no permite seguir penetrando en la franja de Gaza.
Desde el inicio de la ofensiva «Plomo endurecido», hace tres semanas, Israel rechaza el acceso libre de periodistas al territorio palestino, sometido a bombardeos y ataques incesantes.
Dos tanques Merkava se acercan al grupo de periodistas. El coronel Herzi, salta de uno de ellos. «Siento venir en tanque, tengo un problema con mi jeep», se disculpa.
El oficial ha dejado a sus hombres durante media hora para ofrecer un balance de la guerra contra los islamistas de Hamas, que se desarrolla lejos de las cámaras de televisión.
«Lo que pueden ver aquí, no es agradable. La guerra no es agradable. No me gusta la guerra», dice, como preámbulo.