Meditaciones en una cabaña


Luis-Enrique-perez-2013

En una cabaña solitaria situada en un bosque de robustos encinos, yo esperaba un sorpresivo momento de imperturbada comunión mística con la causa primera de todos los seres. Para este fin disponía de la colaboración del ruido de la frágil hojarasca, del trabajar del viento en las arboledas, de los trinos de pájaros cercanos y lejanos, de la nocturna bóveda celeste, de las auroras de fecundo cromatismo, de los ecos de los precipicios, de los relatos del río, del súbito reposo aéreo de una libélula, o del caer de un rotante pétalo rosáceo.

Luis Enrique Pérez


Séame permitido comunicarle, a usted, algunas de las meditaciones que, en tal ocasión, me acontecieron durante una humillante y clara noche de silenciosas y amables estrellas, y de serena y luminosa luna plena.

Primera. Usted es un grandioso suceso del devenir universal.  Presuntamente hace por lo menos catorce mil millones de años, a partir de un explosivo estado inicial, el Universo comenzó a desarrollarse, hasta  su estado actual. Parte de ese estado actual consiste en miles de millones de galaxias, cada una de las cuales está compuesta por miles de millones de estrellas, una de las cuales es el Sol, en torno al cual gira un planeta que, hasta ahora, parece único: la Tierra, en el cual precisamente usted surgió. Valórese porque usted es un asombroso suceso en el colosal devenir universal.

Segunda. Usted es la manifestación de la más fantástica creatividad de la evolución universal. Es improbable hasta la imposibilidad que alguien que hubiese podido contemplar el Universo en su estado más primitivo, predijese el surgimiento de la vida aun en su  más tosca forma originaria, quizá en fuentes hidrotermales del suelo marino, hace cuatro mil millones de años. Infinitamente más improbable es que predijese que usted llegaría a existir. Usted mismo es, entonces, una milagrosa manifestación del impredecible poder creativo del vasto proceso de evolución universal.

Tercera. Su oportunidad de vivir ha sido única. Supuestamente, hace 65 millones de años colisionó con nuestro planeta un enorme meteorito; y la colisión provocó la extinción de los dinosaurios. Veinte minutos antes o  después, el meteorito no habría colisionado con la Tierra. Entonces los dinosaurios hubiesen podido proseguir con el dominio del planeta, y quizá no habría surgido la tendencia evolutiva que posibilitaría el  surgimiento del ser humano. ¡Usted no habría tenido la oportunidad de  vivir! Empero, usted ha tenido esa oportunidad, que es única, porque ha sido su oportunidad, y la de nadie más. Ya que esa oportunidad ha sido única, intente atrapar, para sus más preciosas finalidades, cada día único de su vida única.

Cuarta. Usted es un magnífico rosal, un fecundo manantial, un jugoso racimo de enormes posibilidades de ser, de tener y de hacer. Conózcase a usted mismo y descubra el inmenso territorio de sus asombrosas potencialidades. Sea el privilegiado descubridor de ese inmenso continente de posibilidades que es usted mismo.

Quinta. No se queje de la falta de oportunidades, como se queja el negligente que pretende disculpar su voluntaria mediocridad; y reconozca que nadie tiene la obligación de crear oportunidades para usted. Y jamás confunda al destino con la negligencia. Y no defienda sus errores como si fuesen una cuantiosa herencia. Y persuádase de que ni por  destino usted ha de estar mal, ni por negligencia ha de estar bien. Y antes de tener la pretensión de ser responsable del mundo, sea responsable de usted mismo.

Post scriptum. Y una sexta meditación. El mejor amigo que usted puede tener en la vida es usted mismo. Y para que usted pueda ser el mejor amigo de usted mismo, comience por ser sincero con usted mismo. Y obtenga el mayor provecho de usted mismo, como si fuese el  único recurso del cual dispone para lograr sus más valiosas finalidades.