Medidas impostergables


Es necesario un manejo responsable y ordenado de las finanzas públicas; pero antes se hace imprescindible acabar con los monopolios, productores y comercializadores, pues en lugar de ayudar a pasar mejor esta crisis, nos pueden ahorcar.

Según la teorí­a, la polí­tica fiscal es un instrumento con propósitos de estabilización y desarrollo económico, puesto que, cuando las condiciones económicas provocan una reducción de la inversión privada, el Estado debe tomar mayor partido en la economí­a a través de ese instrumento, invirtiendo en infraestructura y desarrollo; y cuando aquella ha inducido la inversión privada, el Estado puede dejar de participar.

Luis Arevalo
usacconsultapopular@gmail.com

Considerando que la polí­tica fiscal es un instrumento con el objetivo de generar desarrollo económico, entonces, siempre debió participar de forma activa en las economí­as, cosa que se ha comprobado varias veces en los últimos meses.

Por ahora en nuestro paí­s, muchos son los que defienden que el Estado guatemalteco debe tener una polí­tica fiscal que incida en la creación de empleos, de manera que no aumente impuestos, sino que, a través de déficit, financiado por deuda pública, pueda conseguir ese objetivo.

Y no hay nada de malo en que los Estados aprovechen el crédito del que puedan ser sujetos, pues es necesario hacer frente a situaciones económicas complejas como la presente.

La disyuntiva que se presenta para el caso de Guatemala al momento de los análisis, sobre cómo y para dónde destinar la inversión, es que ésta puede no llegar en la magnitud que se prevé, o ni siquiera llegar, porque tendrí­a que sortear un camino lleno de zancadillas y trabas para conseguir su objetivo; pues la corrupción acampa en el Estado.

Para que una polí­tica fiscal se oriente a contener crisis, se hace necesario que la deuda que se adquiera sea destinada a inversión. Porque si el gasto es utilizado en funcionamiento, serí­a como caminar en cí­rculo, y por ende, retroceder en el desarrollo.

El gran problema de Guatemala es que nunca hay consenso, y si existe algún diálogo es para llegar a componendas entre sectores mezquinos de nuestra sociedad, ya sea para acaparar buena parte de los presupuestos de Estado, o para hacerse de grandes privilegios en relación a los impuestos.

Es preocupante llegar a estas conclusiones, pues en pleno siglo XXI aun encontramos prácticas económicas que se desvanecieron hace buen rato en economí­as desarrolladas.

Es necesario un manejo responsable y ordenado de las finanzas públicas; pero antes se hace imprescindible acabar con los monopolios, productores y comercializadores, pues en lugar de ayudar a pasar mejor esta crisis, nos pueden ahorcar.

Eso sólo se logra acabando con los privilegios, que nadie tendrí­a que tener, pues todos conformamos un mismo Estado; y si alguien los ha tenido y los sigue aprovechando, es que con alguien se entiende.