Me han dicho de todo


Que soy impaciente, que no puedo esperar siquiera los cien dí­as. Que no quiero a don ílvaro ni a doña Sandra, peor a los alcaldes. Que no les doy el beneficio de la duda. Que insisto en decir que sigue la misma flor floreada y no sé cuántas cosas más. Es cierto, estoy nervioso e intranquilo porque no veo que las cosas cambien. Que estoy insatisfecho porque en mis sueños estaba que el dí­a de la toma de posesión empezarí­amos a ver cambios substanciales pero, ¿qué otra actitud puedo asumir cuando siguen los «operativos» como el sofisticado «plan cuadrante», montados por los mismos, cuando los í­ndices de la delincuencia sólo bajan en quienes están interesados en decir lo contrario?

Francisco Cáceres Barrios

Da grima comprobar que miles de niños siguen recibiendo clases a la intemperie, porque ni Conred ni las once mil ví­rgenes pudieron ponerse las pilas para reconstruir los techos levantados por los fuertes vientos que afectaron el paí­s, mientras sí­ hubo pisto para festejar el cambio protocolario de gobierno. ¿No es cierto que nos cae como anillo al dedo el refrán que dice que los chapines comemos frijoles pero eructamos pollo? La mentada Diaco continúa con el disco rayado de estar ejecutando un tal plan de verificación de precios ¿pero quién no sabe que el pollo con menudos supera los diez quetzales?; ¿quién ignora que la libra de arroz de segunda alcanzó los tres quetzales? Y ¿que la libra de ejote se volvió exclusiva materia prima para gourmets cuando casi llega a los seis quetzales? ¡No hombre! Montar aparatos propagandí­sticos o aparentar estar preocupado por la economí­a familiar de las mayorí­as estuvo bien para Berger, a quien le fascinaba caminar por la alfombra roja para recibir a diario los flashazos de las cámaras fotográficas y de la televisión pero, cuando se trata de un gobierno que desde su campaña vení­a anunciando ser para los pobres ¿no creen que debiera estar preocupado para que, entre otros, los gí¼isquiles, el tomate, la cebolla y el aceite para cocinar estuvieran al alcance de las mayorí­as?

Como chucho apaleado, no me voy a morir en la ví­spera, pero eso no podrá significar ponerme una venda en los ojos, tapones en los oí­dos y guantes en las manos para no percatarme qué es lo que seguimos sufriendo los chapines todos los dí­as. Me podrán decir que tenga paciencia y que «ya merito» van a arreglar eso que la población tenga que andar subiéndose en la chatarra de los autobuses urbanos, pero ¿cuando no pudieron llevar un plan que eliminara el vergonzoso subsidio que se sigue dando a costa de un pésimo servicio, no nos están dando más de lo mismo? Que bueno que especialistas chilenos asesores para combatir eficazmente a la delincuencia pero ¿Cuándo será el dí­a en que las maras dejen de seguir matando impunemente?

Seguramente que usted ni yo, estimado lector, no tenemos experiencia de policí­as de tránsito pero, ¿a estas alturas habrá alguien que no sepa que los PMTs andan más ocupados en imponer cepos y multas, que velando porque mejore la circulación? Disculpen que siga sin creer en eso de los cien dí­as o en que nuestros arraigados problemas puedan corregirse en un año, ¿pero no era de esperarse que después de mucho tiempo de aspirar a la Presidencia o la Alcaldí­a, al menos llevaran unos cuantos planes para resolver lo más urgente?