Que soy impaciente, que no puedo esperar siquiera los cien días. Que no quiero a don ílvaro ni a doña Sandra, peor a los alcaldes. Que no les doy el beneficio de la duda. Que insisto en decir que sigue la misma flor floreada y no sé cuántas cosas más. Es cierto, estoy nervioso e intranquilo porque no veo que las cosas cambien. Que estoy insatisfecho porque en mis sueños estaba que el día de la toma de posesión empezaríamos a ver cambios substanciales pero, ¿qué otra actitud puedo asumir cuando siguen los «operativos» como el sofisticado «plan cuadrante», montados por los mismos, cuando los índices de la delincuencia sólo bajan en quienes están interesados en decir lo contrario?
Da grima comprobar que miles de niños siguen recibiendo clases a la intemperie, porque ni Conred ni las once mil vírgenes pudieron ponerse las pilas para reconstruir los techos levantados por los fuertes vientos que afectaron el país, mientras sí hubo pisto para festejar el cambio protocolario de gobierno. ¿No es cierto que nos cae como anillo al dedo el refrán que dice que los chapines comemos frijoles pero eructamos pollo? La mentada Diaco continúa con el disco rayado de estar ejecutando un tal plan de verificación de precios ¿pero quién no sabe que el pollo con menudos supera los diez quetzales?; ¿quién ignora que la libra de arroz de segunda alcanzó los tres quetzales? Y ¿que la libra de ejote se volvió exclusiva materia prima para gourmets cuando casi llega a los seis quetzales? ¡No hombre! Montar aparatos propagandísticos o aparentar estar preocupado por la economía familiar de las mayorías estuvo bien para Berger, a quien le fascinaba caminar por la alfombra roja para recibir a diario los flashazos de las cámaras fotográficas y de la televisión pero, cuando se trata de un gobierno que desde su campaña venía anunciando ser para los pobres ¿no creen que debiera estar preocupado para que, entre otros, los gí¼isquiles, el tomate, la cebolla y el aceite para cocinar estuvieran al alcance de las mayorías?
Como chucho apaleado, no me voy a morir en la víspera, pero eso no podrá significar ponerme una venda en los ojos, tapones en los oídos y guantes en las manos para no percatarme qué es lo que seguimos sufriendo los chapines todos los días. Me podrán decir que tenga paciencia y que «ya merito» van a arreglar eso que la población tenga que andar subiéndose en la chatarra de los autobuses urbanos, pero ¿cuando no pudieron llevar un plan que eliminara el vergonzoso subsidio que se sigue dando a costa de un pésimo servicio, no nos están dando más de lo mismo? Que bueno que especialistas chilenos asesores para combatir eficazmente a la delincuencia pero ¿Cuándo será el día en que las maras dejen de seguir matando impunemente?
Seguramente que usted ni yo, estimado lector, no tenemos experiencia de policías de tránsito pero, ¿a estas alturas habrá alguien que no sepa que los PMTs andan más ocupados en imponer cepos y multas, que velando porque mejore la circulación? Disculpen que siga sin creer en eso de los cien días o en que nuestros arraigados problemas puedan corregirse en un año, ¿pero no era de esperarse que después de mucho tiempo de aspirar a la Presidencia o la Alcaldía, al menos llevaran unos cuantos planes para resolver lo más urgente?