El candidato republicano a la Casa Blanca, John McCain, intentará convencer mañana a los votantes de que sus propuestas para sacar a Estados Unidos de la crisis económica son mejores que las de su rival demócrata Barack Obama, durante su último debate televisado en Hempstead, Nueva York.
Enfocado en política doméstica, con el inevitable telón de fondo de la peor crisis financiera que Estados Unidos recuerde desde los años 1930, McCain y Obama debatirán en la Universidad de Hofstra a partir de las 21H00 locales (01H00 GMT) en su último encuentro de este tipo antes de la votación del 4 de noviembre.
Obama llega mejor posicionado en las encuestas que su rival republicano, quien se vio perjudicado por la crisis económica y por la impopularidad del presidente republicano George W. Bush, cuyo nivel de aprobación alcanza apenas el 23%.
En la última encuesta nacional divulgada ayer, Obama obtenía 53% de intención de voto contra 43% para McCain, según el estudio de la cadena televisiva ABC News y el diario The Washington Post, cuyos autores señalaron que ningún candidato se recuperó de esa distancia a estas alturas de la contienda desde 1936.
Sin embargo, la campaña de McCain no está dispuesta a rendirse.
El domingo, McCain dio un discurso de aliento a su equipo en su cuartel general de los suburbios de Virginia (este).
«Estamos invirtiendo mucho tiempo y luego de darle un azote donde ya saben en este debate, vamos a salir adelante», aseguró McCain. «Estamos un par de puntos abajo, cierto. A nivel nacional. Pero seguimos en el juego», dijo. «Y vamos a ganar esta carrera», enfatizó el veterano senador por Arizona (sur).
El debate será la última oportunidad del senador sureño de 72 años para medir fuerzas frente a frente con su joven rival de 47 años, senador por Illinois (norte), quien busca convertirse en el primer negro en llegar a la Presidencia de Estados Unidos.
McCain «le va a hablar directamente al pueblo estadounidense» de sus planes «para sacar el país hacia adelante», y una vez más pondrá énfasis en «su experiencia y liderazgo», dijo a la AFP Hessy Fernández, portavoz del candidato republicano.
«La encuesta que verdaderamente cuenta es la del 4 de noviembre», manifestó Fernández en reacción a los números de los sondeos. «Los analistas han matado su campaña (de McCain) un par de veces, la prensa igual», pero el legislador «es un luchador», esgrimió.
«Obama hace muchas promesas y no tiene un plan concreto», sostuvo Fernández.
Previsiblemente, cuando cientos de miles de familias estadounidenses perdieron o están cerca de perder sus hogares por no poder enfrentar el pago de las hipotecas, la situación económica será el tema dominante del encuentro entre los dos postulantes.
Los candidatos multiplicaron en los últimos días sus propuestas en este plano.
McCain presentó este martes una serie de medidas destinadas a apoyar a los jubilados, los ahorristas y los propietarios de inmuebles, que tiene como idea principal una reducción de impuestos a las personas de la tercera edad.
Obama de su lado, aboga por una reducción impositiva que, argumenta, creará nuevos puestos de trabajo, y una moratoria de los embargos de viviendas.
Su campaña criticó los planes de McCain.
«El plan de McCain gastaría 300.000 millones (de dólares) para rescatar a los mismos bancos irresponsables de Wall Street que nos metieron en este desastre sin hacer nada para ayudar a la generación de empleos para la clase media», señaló Federico de Jesús, portavoz de Obama.
«Su plan sigue sin darle ningún alivio contributivo en lo absoluto a 101 millones de familias trabajadoras, incluyendo 97 por ciento de los ciudadanos ancianos, y no hace nada para recortarle los impuestos a las pequeñas empresas o darles acceso al crédito», añadió.
Hasta ahora, los candidatos habían evitado durante los debates tomar una posición definida sobre la principal iniciativa del gobierno Bush para frenar la crisis: un paquete de 700.000 millones de dólares destinado principalmente al rescate de bancos en problemas.
En el marco de ese plan, el Ejecutivo anunció este martes una histórica intervención pública para compra de acciones de instituciones financieras por 250.0000 millones de dólares.