Como su nombre lo insinúa, pero sin ningún disimulo ni perífrasis alguna sino al contrario, la mayafobia es la aversión o antipatía hacia todo lo actual –etnias, culturas, comportamientos colectivos, formas de arte, etcétera– que se denomine o autodenomine maya o heredero directo de lo maya en el ámbito del país de la eterna. Quien “profesa” la mayafobia sería (o es) un mayafóbico activo y practicante, aun cuando no lleve en la frente (ni en cualquier otro lugar visible) el signo oprobioso de su encono.
Para algunos lo maya (que siempre escriben entre comillas cuando aluden al tiempo presente para así destacar su entonación emotiva) es cosa sepultada, del remoto pasado, arqueológico, prehistórico, preferente olvidable o escamoteable… Para ellos decir maya es aludir a las ruinas, a la astronomía, a ciertos toponímicos, a la mitología, a las profecías labradas en piedra velada… Y apenas ven de reojo a la espiritualidad y a la cosmovisión que siguen portentosamente vivas.
Los mayafóbicos académicos o mejor informados (?) aseguran que a los pueblos originarios de Guatemala, la ayuda internacional, la mala conciencia de los antropólogos extranjeros, ciertas oenegés, etc., los vinieron a “bautizar” como mayas a mediados del siglo XX… O sea que durante más de cuatro siglos vivieron en calidad de incógnitos, como menores de edad, en el estéril útero de la historia, sin apenas líquido amniótico (amnesis), a la espera de otros generosos e iluminados descubridores que les colocaran un nuevo cordón umbilical unido al viejo verbo de “lo” maya.
A la exhumación y autopsia del espíritu siguió un bautismo onomástico, de identidad profanada, según la ortodoxia mayafóbica. ¿Y los padrinos? Gringos, alemanes, franceses, ingleses, algún holandés errante.
Indignados, rabiosos, los mayafóbicos hablan de usurpación de calidad y de cantidad y de afinidad y de infinidad. Pero toda identidad es un juego de máscaras, una construcción mental y emotiva y conceptual de cimientos errantes. ¿Qué es el mestizo o ladino sino un compendio de negaciones? El sentido de pertenencia es la sombra de un palimpsesto con marco de piedra.
Es así, también, como nos negamos, nos ninguneamos, nos escamoteamos los unos a los otros. Parricidas reincidentes y confesos. Irredimibles. Sospechosamente, significativamente, el mayor encono mayafóbico proviene, como no, del propio ladino o mestizo, perdido en la maraña geno-etno-logo-histórica… (Babosadas, para encerrarlo todo en una palabra.