¿Matémonos, pues?


«Una sociedad que acude a la pena de muerte anima simbólicamente a la violencia.»

Comisión Internacional de Juristas

Ricardo Ernesto Marroquí­n
ricardomarroquin@gmail.com

Que el destino de Guatemala se encuentre en manos de trogloditas nos ha cobrado la factura: recientemente, haciendo gala de la poca visión sobre la construcción de un paí­s en paz, la mayorí­a de bancadas del Congreso de la República y de urgencia nacional (creyendo que verdaderamente nos han hecho un favor) desentramparon la cuestión del indulto presidencial para reos que estén condenados a la pena de muerte. Guatemala es uno de los 25 paí­ses del mundo que todaví­a cuentan con esta medida anacrónica.

Así­, a partir de 2012 nuestro paí­s tiene la posibilidad de convertirse en una verdadera carnicerí­a. Tomando en cuenta los asesinatos diarios, el Estado tendrá la oportunidad de aportar 21 personas más que desde hace varios años se encuentran en el corredor de la muerte. La idea, parece, es que nos matemos entre todos.

Es paradójico que la mayorí­a de las bancadas hayan atendido a los gritos desesperados y electoreros de los representantes de las bancadas Libertad Democrática (Lider) y Partido Patriota (PP), mientras se encuentran encajonadas una serie de leyes que conforman la agenda de seguridad democrática.

La Convergencia Nacional por los Derechos Humanos ha elaborado una lista de las normativas que pudieron ser aprobadas por los diputados si en verdad les importara nuestra seguridad: Ley de Policí­a de Investigación Criminal, Ley de servicios privados de seguridad, Ley Nacional de la Juventud, reformas sobre carrera en la Ley Orgánica del Ministerio Público, reformas a la Ley de Amparo y la Ley de Enriquecimiento Ilí­cito.

Pero las cosas serias parece que no les importa, y sus propuestas de terror no nos proponen otra cosa que una sociedad más violenta.

Para curarse de espantos y tratar de no comprometer al presidente ílvaro Colom, la oficial bancada de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), que ha demostrado que de socialdemócrata tienen muy poco, también apoyó que la normativa cobre vigencia un dí­a después que el próximo presidente tome posesión. La muerte así­, la han convertido en una posibilidad de promesa de campaña.

Ojalá que quienes incitan a la violencia no lleguen a ser presidentes. No queremos que gobiernen quienes ofrecen quitar la inyección letal para someter al suplicio a los condenados, para permitir, a las cámaras de televisión, grabar cuando los fusiles a la orden de «fuego» provoquen la muerte. No queremos que el próximo presidente sea el que ahora se ha adelantado a la campaña electoral y, con un tono amenazador e intimidante, exige implementar la violencia para combatir la violencia.

El pasado 10 de octubre se conmemoró el Dí­a Internacional contra la Pena de Muerte. La Comisión Internacional de Juristas (CIJ) publicó un comunicado en donde se afirma que «hoy está comprobado y, generalmente aceptado, en el Continente Europeo, en el Continente Americano y en otras regiones del mundo que lo que verdaderamente influye en las personas para no cometer delitos graves no es el castigo de la pena de muerte, sino un Sistema de Justicia eficiente que termine con la impunidad». Por ello, no se entiende cómo en Guatemala los pasos se den hacia atrás.

Nuestro mundo ha cambiado, y son pocos los paí­ses que optan por la ví­a de la violencia para garantizar la tranquilidad de la población. Lo que verdaderamente representarí­a una sociedad en paz es el cambio profundo de las estructuras sociales que, actualmente, condenan a miles de jóvenes a la organización en pandillas, al sicariato y la organización en cualquier agrupación delictiva.

La propuesta, es crear un ambiente en donde verdaderamente seamos seres humanos.