El centrocampista argentino se ha convertido en una de las piezas fundamentales para el duro final de temporada del Barcelona, que depende de su enorme aportación para levantar los tres títulos que se juegan en los dos últimos meses de competición.
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No es ninguna novedad que tener en la plantilla a Javier Mascherano es una gozada para cualquier equipo. Pero es ahora, cuando su actual equipo más lo necesita, cuando se aprecia la gran ventaja que supone tener a una pieza como El Jefecito dentro del vestuario, tanto en lo personal como en lo futbolístico.
Claro está que solo el vestuario azulgrana puede afirmar qué representa Mascherano para el bloque de Pep Guardiola desde dentro, pero a uno debería bastarle ver o presenciar una de las pocas ruedas de prensa que ha hecho el centrocampista argentino durante el transcurso de la temporada para cerciorarse de que se trata de un profesional ejemplar y de una persona honrada con las ideas muy claras.
Dicen que la forma de jugar de un futbolista es el reflejo de su personalidad y Masche no es una excepción. Nadie sabe si el de San Lorenzo prefiere jugar de centrocampista, de lateral o de defensa central, porque es un tema que se guarda para él. Su único cometido consiste en servir profesionalmente a su escuadra y, por eso, allí donde juega, demuestra todo su potencial y se vacía en cada acción, en cada pulgada del juego.
Durante la temporada 2006-2007, en las filas del Liverpool, Mascherano fue reposicionado por primera vez desde su debut como profesional. Rafa Benítez, ante el overbooking de grandes centrocampistas (Xabi Alonso, Steven Gerrard y Mohamed Sissoko) y a falta de un lateral derecho consolidado en la plantilla de los de Anfield Road en ese momento (Álvaro Arbeloa era demasiado joven, Jan Kromkamp no convencía y Steve Finnan empezó su amarga etapa con las lesiones), probó con el argentino en el flanco derecho de una defensa formada por Jamie Carragher, Sami Hyypia y Daniel Agger.
REY DE LA SEGADA
Masche le respondió al técnico español a la perfección, en especial durante las semifinales de la Champions contra el Chelsea, semanas antes de disputar la gran final de Atenas contra el Milan, que firmó la venganza de la final de 2005 comandado por un gran Filippo Inzaghi. Tras su fichaje por el Barça y a sus 27 años, no ha perdido su esencia y ha vuelto a ser un elemento clave que demuestra día tras día que es el complemento perfecto para cubrir las necesidades y acudir al rescate cuando el equipo tiene una emergencia.
La dramática ausencia de Eric Abidal y la irregularidad de Adriano Correia ha obligado al elenco culé a colocar a Carles Puyol en el flanco izquierdo en más de una ocasión, y ello ha comportado que, como ya sucedió durante el curso pasado, Mascherano tenga que abandonar la posición de mediocentro defensivo, cubierta sin problemas por Sergio Busquets, para ocupar una retaguardia que ahora está más desangelada que nunca con las nuevas lesiones de Gerard Piqué y Dani Alves.
Ilustres del futbol argentino como Marcelo Bielsa, Diego Armando Maradona o César Luis Menotti se mostraron sorprendidos por el futbolista sanlorencino cuando tenía apenas 25 años. «Es un chico que siempre tiene al equipo en su cabeza», dijo Menotti en noviembre de 2008. Y es que la mentalidad de Mascherano es incontestable.
Sin tener que superar ninguna fase de adaptación, se ha erigido como uno de los mejores centrales de la Liga potenciando dos de las cualidades que más le han distinguido como centrocampista de corte defensivo: el don de la anticipación y una capacidad sobrenatural para robar balones deslizándose por el césped convirtiéndose en uno de los futbolistas del planeta que mejor dominan el gesto técnico de la segada.