Respecto al tema de la nueva gripe es impresionante la cantidad de información que se puede obtener por distintos medios y existen versiones realmente contradictorias respecto a la gravedad del mal, la extensión de la pandemia y el impacto que puede tener en términos de vidas humanas. Como bien decían las viejitas antes, no hay que creer ni dejar de creer y por ello me parece que en materia de prevención es mucho más conveniente que se cometan errores por adoptar un exceso de medidas que el riesgo de incurrir en negligencias que pueden tener efectos lamentables.
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En principio me parece evidente que el virus no resulta tan fatal como para que se pueda comparar con el impacto que tuvo la llamada gripe española de hace unos noventa años y por lo tanto es inadecuado querer asustar a la gente con imágenes que se relacionan con esa pandemia que cobró millones de vidas. Ayer el Vicepresidente se presentó en una conferencia de prensa mostrando un libro que, según dijeron, se refiere a lo que vivió el mundo en aquella oportunidad y es evidente que por muchas razones las diferencias tienen que ser remarcadas, sobre todo por la capacidad de respuesta que tiene la humanidad frente a la propagación de ese tipo de enfermedades.
Algunos piensan que al decretar el Estado de Calamidad el Gobierno no sólo está alarmando más de la cuenta a la población sino que obligó a pensar seriamente en la Calamidad del Estado, que es posiblemente más grave que lo de la epidemia. En Guatemala no podemos saber con prontitud el avance de la enfermedad porque los exámenes de laboratorio realizados a las personas «sospechosas» de sufrir el mal tienen que ser enviados a Atlanta. Se dice que en algunos días tendremos ya los reactivos para hacer localmente los exámenes, pero de momento hay que esperar largas horas para saber si una persona está infectada con el virus AH1N1 o simplemente con la pura y tradicional gripe.
El Gobierno explica que no se trata de alarmar a nadie, sino de tener la capacidad de adoptar medidas más radicales si las circunstancias lo demandan, entre ellas la de prohibir concentraciones de gente en espectáculos públicos, por ejemplo. Insisto en que más vale que sobre y no que falte en materia de prevención, porque cabalmente no es nuestra aptitud para prevenir lo que más nos distingue como país.
Tengo la idea de que en realidad se ha magnificado el tema de la gripe porcina, a la que se cambió nombre para no seguir dañando a los productores de ganado porcino que son de los más afectados por esta situación. Existen versiones de intereses económicos y geopolíticos en el tema, pero esos extremos son imposibles de comprobar, aunque es obvio que hay otros males que resultan mucho más letales y frente a los que las autoridades no reaccionan con la diligencia que ahora están tratando de mostrar.
La gripe normal sigue causando en todo el mundo miles de muertes al año y en el caso de la recién descubierta la morbilidad no parece ser tan alta. Pero con todo y eso, bajar la guardia o resistirse a las medidas de precaución sería irresponsable aunque uno piense que se les está yendo la mano.