Más simbolismo que sustancia



Estados Unidos ha elogiado la conferencia internacional sobre Medio Oriente como un evento histórico, pero el encuentro apresuradamente organizado dejó al mismo tiempo una estela de interrogantes y escepticismo con respecto a las verdaderas posibilidades de paz.

Los estadounidenses se mostraban triunfantes luego de la conferencia del martes en la Academia Naval en el puerto de Annapolis, Maryland (este), en la que israelí­es y palestinos se comprometieron a trabajar hacia un acuerdo de paz que se concrete el año entrante.

«Es un logro increí­blemente significativo que acordaran hacerlo porque no se han sostenido discusiones importantes en temas clave en siete años», indicó la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice.

Pero si bien Rice y el presidente George W. Bush, quien leyó en Annapolis el acuerdo alcanzado entre palestinos e israelí­es, se muestran optimistas, otros lí­deres manifiestan escepticismo acerca de las reales posibilidades de un avance en el añejo conflicto.

El canciller francés, Bernard Kouchner, saludó los signos de progreso pero añadió: «la gente está muy escéptica porque ha habido tantos intentos» de lograr la paz que han fracasado.

El Alto Representante de la Unión Europea para la Polí­tica Exterior, Javier Solana, llamó en el encuentro de Annapolis que reunió a una cincuentena de paí­ses y organismos, incluso los rivales árabes de Israel, a «extraer las lecciones de decepciones pasadas».

«Al final de cuentas, queda a cargo de dos partes hacer que funcione el proceso» dijo Solana a periodistas. «Pero el apoyo y el involucramiento sostenido de la comunidad internacional serán esenciales».

Uno de los aspectos más importantes que resaltaron funcionarios, diplomáticos y analistas fue la presencia en Annapolis de Siria y, particularmente, Arabia Saudita, que hizo una aparición sin precedentes en una conferencia de paz con Israel.

Pero aunque con su presencia los sauditas hicieron un gesto positivo a su aliado Estados Unidos, el ministro de Relaciones Exteriores, el prí­ncipe Saud al-Faisal, dejó claro que no atenderán el llamado de Israel de normalizar las relaciones hasta que se retire de los que consideran territorios palestinos.

La conferencia no produjo un documento final o un apoyo oficial árabe al nuevo proceso de paz. La rueda de prensa de clausura se convirtió en una declaración final de Rice, quien partió abruptamente sin responder preguntas.

«Nada genera optimismo», dijo un diplomático árabe, que pidió el anonimato. «En general, los árabes están decepcionados. No hay un compromiso claro para respetar la fecha lí­mite, solo un compromiso a hacer esfuerzos».

Efectivamente, el primer ministro israelí­, Ehud Olmert, rápidamente minimizó cualquier idea de un calendario, al señalar a la radio pública estadounidense: «No pretendemos que se trate de algo que pueda cumplirse en una semana o en un año, pero hay que empezar por algo».

Scott Lasensky, experto en Medio Oriente del estadounidense Instituto para la Paz, abandonó Annapolis insatisfecho. Indicó que el valor de la conferencia estuvo más en el simbolismo de la presencia árabe que en su sustancia.

Lasensky dijo que el documento israelo-palestino era muy vago y no especificaba los principales puntos a resolver. «No es buena señal», indicó.

Pero otros analistas destacaron que un elemento positivo fue el rol jugado por Bush, quien se apoderó del centro del escenario en Annapolis, luego de que durante los siete años de su Presidencia no tuvo un papel importante en el proceso de paz.

Edward Djerejian, ex embajador en Israel bajo el gobierno del predecesor de Bush, Bill Clinton, expresó que esto podrí­a tornarse vital, ya que derrotar las animosidades existentes en Medio Oriente «necesitará de una gran voluntad polí­tica».

«Rice está comprometida pero más importante es que el presidente se comprometa más», dijo Djerejian, director del Instituto James A. Baker III para polí­ticas públicas en la Universidad Rice en Texas (sur).