Hemos dicho que se ciernen negros nubarrones sobre la economía de nuestro país, no sólo por nuestra situación fiscal conjugada con la cuestión social tradicionalmente compleja, sino también por la crisis económica mundial que se manifiesta en cuestiones como el deterioro del dólar y el precio de los derivados del petróleo. En el caso de Guatemala nuestra vulnerabilidad es extrema, no sólo por la enorme dependencia que tenemos de los combustibles fósiles, sino porque la estructura social del país hace que los más pobres en esas condiciones vean mermada aún más su ya precaria calidad de vida.
El aumento en el precio del diésel, resultado del incremento mundial en los precios del petróleo que parece incontenible e impredecible, empieza ya a presionar cuestiones tan sensitivas como el precio del pasaje en el transporte colectivo porque naturalmente los concesionarios de ese servicio no pueden mantener las mismas tarifas si su principal insumo se encarece como está ocurriendo. El Gobierno empieza a sentir la presión del reclamo para ajuste de tarifas o para aumento del subsidio, y en ambos casos el problema es grave porque al final de cuentas del mismo cuero salen todas las correas.
El fisco está en dificultad y sus complicaciones serán mayores si no se implementa un ingreso sustituto del IETAAP que está por fenecer. Pensar en reducir el impuesto a los combustibles no sólo es inviable fiscalmente, sino que además con ello se alienta el consumo en vez de promover el ahorro y el efecto para el país sería terrible. Subir el subsidio significaría una carga muy alta para los ingresos fiscales y obligaría a reducir la capacidad de inversión en cuestiones sociales también urgentes.
Por otro lado, al aumentar la tarifa del transporte, el usuario, que es persona de menores ingresos económicos, sufriría un golpe tremendo a su ya precaria economía familiar y vendría, por supuesto, una presión en demanda de mejoras salariales con sus consecuencias inflacionarias, pero tampoco se puede pasar por alto la necesidad de la gente ni se puede pretender que los más pobres sean los que tengan que apechugar al final de cuentas.
Esta mañana los precios del petróleo rebasaron los cien dólares por barril, Wall Street se resentía por eso y la baja del valor del dólar y aunque pudiera haber un repunte al final de la jornada, de todos modos las condiciones se vislumbran tétricas. Es preciso que los equipos de transición empiecen a trabajar coordinadamente en el análisis de lo que se viene en el plano económico, porque las decisiones no podrán postergarse hasta enero y mejor si se adoptan de común acuerdo para asegurar buen juicio y continuidad en lo que se disponga. La situación es más difícil de lo que puede pensarse y los nubarrones ya están justo sobre nosotros.