Una vez más estamos inmersos en una campaña política y para desgracia de las mayorías, se trata de la misma campaña mercantilista y absurda de siempre. Sin ser un clarividente ya sé que pronto veremos de nuevo a los políticos con discursos vacíos y estúpidos; publicidad mediocre basada en canciones emotivas, edecanes semidesnudas y promesas ridículas, y lo peor, la violencia que acompaña siempre este tipo de procesos.
Sin lugar a dudas, se trata de política en su mínima expresión y de una asquerosa campaña en su máximo esplendor. A la mayoría de guatemaltecos ya no le sorprende, pues es a ese nivel de bajeza a la que nos ha acostumbrado nuestra clase política en los últimos años, pero también muchos se han acomodado y en vez de exigir política de calidad, se han acomodado y decidido ser parte de ese juego sucio, mercantilizando su propio y legítimo derecho al voto.
Antes de que el ruido insoportable de las sonoras melodías de los políticos y sus discursos nos invadan por completo, y que los guatemaltecos seamos cómplices de ese juego barato, vale la pena hacer una reflexión sobre las necesidades que tenemos en materia política. Es importante diferenciar el término “política” de “campaña”.
Política es la actividad que rige nuestras vidas en todos los sentidos; política alimentaria, política energética, política social, etc., que se define por los políticos –apoyados en técnicos y científicos–, quienes idealmente orientan sus políticas de acuerdo a las necesidades de la población, con base a su orientación ideológica. En pocas palabras, la política debería resolver los problemas de las personas.
En los países verdaderamente democráticos, los ciudadanos también son políticos, ya que aunque no aspiran a ocupar cargos de elección popular, juegan un papel fundamental dentro de los partidos, influyen en la formulación de las ideas y sientan las bases para las políticas que la agrupación promoverá de llegar al poder.
Por otro lado, aunque ligada a la actividad política, está la campaña. Esta, idealmente, es el acercamiento de los políticos con la población. Es la exposición y socialización de las ideas y planes políticos, para que las personas conozcan las diferentes opciones que tienen al momento de elegir a sus representantes. Por supuesto que nada de eso sucede de forma clara y transparente en Guatemala, ya que la campaña se ha reducido a la compra de votos por grupos de poder económico, utilizando a los políticos como intermediarios.
Entendiendo esta diferencia, está claro que la labor política es realmente importante para Guatemala. Es necesario que todos estemos involucrados en la formulación de las políticas, ya sea dentro de partidos u otros espacios de participación, para que seamos nosotros mismos, los ciudadanos, quienes definamos y orientemos nuestro propio destino. La política debería ser una actividad diaria, a la que deberíamos estar acostumbrados permanentemente.
En cambio, la campaña, que en el país se ha reducido a la simple compra de votos, es un distractor de nuestros problemas y también de las soluciones para nuestros problemas, que deberían preocupar a los políticos. La campaña debe ser una actividad limitada en espacio, tiempo y recursos, en cuyo desarrollo deberían considerarse serias sanciones para quienes incumplen con las reglas. El objetivo es tener más política y menos campaña.
No puede decirse que mi planteamiento es utópico. En 1973, Manuel Colom Argueta dijo: «Guatemala necesita paz, que puede obtenerse sobre la base de dos presupuestos: pleno respeto a los derechos políticos de la oposición, y una campaña de altura, en la que (las propuestas de) cómo se resolverán los problemas del país sean los puntos de divergencia política; y no como sucede ahora, cuando todavía se lucha por lograr el mínimo respeto a los derechos inherentes de los pueblos, como lo es organizarse en partidos políticos».
No hace falta más que organizarnos y pasar de los discursos a la acción.