Once personas murieron hoy en Líbano, cinco en nuevos combates entre partidarios de la mayoría y de la oposición en el norte del país y otras seis por disparos de hombres armados durante el funeral de una de las víctimas de los enfrentamientos de la víspera en Beirut.
Un responsable de los servicios de seguridad declaró que cinco personas, entre ellas algunos civiles, murieron en unos enfrentamientos registrados en la ciudad de Halba, en la región de Akkar, entre militantes del Partido Social Nacionalista (pro sirio) y partidarios de la Corriente del Futuro (mayoría).
Además, seis personas fallecieron hoy cuando hombres armados dispararon durante el funeral de un civil muerto en los enfrentamientos de ayer en el oeste de Beirut.
Ante la situación, el primer ministro libanés, Fuad Siniora, dirigirá un mensaje a la nación hoy, a las cinco de la mañana (hora de Guatemala), que será su primera intervención pública desde que Hezbolá se hizo con el control del oeste de Beirut, ayer.
Con las víctimas de hoy se elevan a 29 los muertos en diferentes actos de violencia protagonizados desde el jueves por todo Líbano por milicianos chiitas y partidarios del sunita Saad Hariri, uno de los líderes de la mayoría parlamentaria antisiria a la que apoyan los países occidentales.
El jueves y ayer se desencadenaron unos combates que fueron los peores desde la guerra civil (1975-1990) e hicieron temer un nuevo conflicto armado en Líbano, paralizado por una crisis institucional desde finales de 2006 que opone a la mayoría antisiria y a la oposición encabezada por Hezbolá y apoyada por Siria e Irán.
Hoy por la mañana aún se veían milicianos de Hezbolá y también militantes de otro movimiento chiita, Amal, en el oeste de Beirut, de donde la víspera expulsaron a los partidarios de Hariri.
El grupo mediático del líder antisirio -varias cadenas de televisión, una radio y un periódico- tuvieron que cerrar debido a las amenazas de Hezbolá.
«La presencia de elementos armados disminuyó de forma significativa y ya no hay peligro para los civiles», según un portavoz del ejército.
En Beirut oeste algunas panaderías y fruterías abrieron sus puertas y en las calles se empezaron a ver habitantes de la zona.
La carretera hacia el aeropuerto internacional de Beirut, donde no estaba previsto ningún vuelo, seguía hoy bloqueada por neumáticos y montículos de tierra colocados por Hezbolá. También había algunos hombres armados.
Los ciudadanos extranjeros seguían abandonando el país por carretera en dirección a Siria. Turquía y Kuwait pusieron en marcha la evacuación de sus compatriotas.
El domingo se celebrará en El Cairo una reunión ministerial convocada de urgencia a petición de Egipto y Arabia Saudita pues los gobiernos árabes sunitas temen que el Irán chiita intensifique ahora su influencia en Líbano.
El lunes, el grupo informal de los «Amigos del Líbano» -integrado por unos 15 países y organizaciones internacionales- mantendrá una conferencia telefónica para evaluar la situación, según un responsable del departamento estadounidense de Estado.
«Después, también estudiamos la posibilidad de consultas en Nueva York, en el marco del Consejo de Seguridad» de las Naciones Unidas, añadió.
La violencia se desencadenó en Líbano el miércoles, cuando Hezbolá transformó una huelga de reivindicaciones sociales en un movimiento de desobediencia civil que degeneró en enfrentamientos.
Estos últimos se intensificaron el jueves tras un discurso del líder de Hezbolá, Hassan Nasralá, que calificó de «declaración de guerra» unas decisiones del gobierno sobre la red de telecomunicaciones del movimiento y conminó a las autoridades a modificarlas y aceptar un diálogo nacional.
Durante los enfrentamientos en Beirut, el ejército libanés estuvo desplegado pero se limitó a proteger los edificios oficiales sin intervenir en los combates, por temor a una escisión en las filas de la única institución aún sólida y unida de Líbano.