«Â¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que hemos nacido para el exterminio mutuo, y que el exterminio mutuo es nuestro destino?»
-Eduardo Galeano-
usacconsultapopular@gmail.com
«Encendí el televisor en el momento menos indicado», comentó un colega periodista respecto a la publicación que realizara un telenoticiero. Las escenas muestran un hecho brutal: el linchamiento de cuatro jóvenes, a quienes los vecinos de Patulul, Suchitepéquez, acusaban de asaltantes. El video me provocó pesadillas.
El telenoticiero se jactó de tener la exclusiva, y le echó más leña al fuego al provocar que un televidente lo grabara desde la TV y lo subiera a un sitio de internet. El video hasta ayer contaba con más de 6 mil visitas, sumado el listado de comentarios crueles, feroces e inhumanos que emitieron sus receptores, justificando y aprobando el crimen colectivo.
¿Cuál es la intención de los medios de (in) comunicación al realizar publicaciones de estos hechos? Las imágenes publicadas lejos de intimidar al crimen organizado, asustan e intimidan a la población guatemalteca y solo contribuye a la construcción de una cultura de violencia.
Es innegable que los linchamientos se han convertido en actos cada vez más comunes en nuestro país, sin que los casos lleguen a los tribunales. Las causas que motivan los linchamientos, seguramente son muchos. Sin embargo quisiera enfocarme en el papel que juegan los medios de (in) comunicación en este tema.
Existe el efecto de imitación, de tomar lo que observamos en la TV y en los otros medios como la única forma valedera de actuar. A pocos días de la difusión del video, participé en una reunión de mi comunidad en la que existe un conflicto entre vecinos y la Junta Directiva de la Cooperativa del Agua, provocado por confusiones en la emisión de los mensajes que expone la junta. Una de las vecinas, con cierta carga emotiva dijo que sería buena idea «prenderle fuego a algún miembro de la junta para que aprendan a consultar antes de decidir lo que van a hacer». La multitud aprobó el comentario con fuertes aplausos, gritos y silbidos. Seguidamente empezaron los murmullos, «sí, como pasaron en las noticias, solo así se componen estos mañosos».
En un país donde la cultura de paz aun no se logra, los medios deben reflexionar sobre la responsabilidad de las notas que publican, el interés y la intención que se tiene con cada emisión. Grave error calificar los linchamientos como ejercicio de «justicia por su propia mano». Un linchamiento no es justicia, más aun cuando limita totalmente las posibilidades de que los supuestos criminales puedan defenderse ante la ley y demostrar lo contrario a las acusaciones realizadas en su contra.
En la mayoría de los casos, los medios contaminan con sus publicaciones, pues promueven y avalan los linchamientos y no contribuyen en el fortalecimiento de la ciudadanía basada en los valores humanos, en el respeto, en la tolerancia y en el valor por la vida.
Justificaciones como que «los delincuentes no se tocan el alma para matarte», sólo denota que nuestra población es víctima de una cultura violenta. El derecho a la vida es inviolable y esa inviolabilidad no descansa sobre una simple prohibición, sino que principalmente implica una posición radical a favor de la vida humana.
Y los resultados de luchar por el respeto a la vida humana en nuestra sociedad, se verían reflejados en el desarrollo de una cultura de vida y al valor de ésta, misma que se extienda a todas las circunstancias de la existencia y que asegure la promoción de la dignidad humana en cualquier situación.