Desde la calificación de obsoleto al sistema electoral estadounidense, pasando por la esperada promoción de cambios impulsados por el hasta hoy aspirante demócrata, para que todo vuelva a ser igual; marca el curso de estas elecciones, acertadamente consideradas como las más importantes del mundo.
Fidel Castro en su columna de ayer, nos recuerda que con un poco menos del 5 % de la población mundial, esta poderosa nación, «succiona cada año enormes cantidades de petróleo, gas, minerales, materias primas, bienes de consumo…»
En la jornada de hoy habrá de definirse no sólo aspectos relacionados con políticas internas. Se habrá de definir la proyección hacia el mundo. Ayer se anunciaba la incorporación de la Unión Europea a su propia recesión. Evidentemente hay un conjunto de situaciones anunciadas, pero con impactos aún impredecibles.
El mundo de hoy es diferente al que inició la nefasta administración que está por concluir en cosa de menos de ochenta días y totalmente definidas hacia el 15 de diciembre, cuando los «538 Grandes Electores del Colegio Electoral», hagan suya la voluntad manifestada en las urnas en el proceso que hoy concluye. Aquí la calificación de obsoleto para el sistema electoral es más que acertado. De hecho el pueblo estadounidense NO elige directamente a sus gobernantes. Pero ellos han impulsado las últimas invasiones para imponer la democracia directa.
Así las cosas, decía, el mundo ha cambiado en estos últimos ocho años mucho más allá de lo que esperaban Los Halcones de la Casa Blanca (denominación que define a los sectores más ultraconservadores y que incuestionablemente están ligados a la poderosa industria militar norteamericana) al promover sus acciones de intervención bélica.
Hoy China e India son, además de economías emergentes, gigantes que despiertan para imponerse paulatinamente. Lo que se vislumbró al final de la década de los noventas en el siglo pasado como un mundo unipolar y con una hegemonía en creciente control a nivel mundial, es cosa del pasado. A mi juicio, víctima de sí misma. De hecho antes de que estallase la crisis financiera mundial, ésta tuvo como principal paradigma el fundamentalismo neoliberal. Conjunto de nociones que le llevaron hacia las acciones especulativas más despreciables y cuestionables por sus propios promotores (entre ellas las víctimas de aquellos consejos directivos que fueron engañados por sus propios compañeros de mesa de deliberaciones) en ese afán por un enriquecimiento basado en los engaños y mentiras continuadas.
Volviendo al obsoleto sistema de cuerpos electorales, es importante destacar que la primera elección del señor que está por concluir su segundo período, ésta fue alcanzada mediante una dudosa resolución de un solo estado, Florida, gobernada por su propio hermano. El mundo quedó estupefacto cuando una resolución judicial, amparó la elección de los electores de aquél estado y por pocos votos, la balanza se inclinó hacia el inicio de la administración que en estos últimos ocho años se ha erigido como la más impopular y desacreditada.
Superó con creces los desaciertos estigmatizados por cuestionables republicanos también como Nixon. Dura lección, tremendo aprendizaje sobre la base de encarar tantos desaciertos y tan reiterados.
Así el «Hombre del Cambio, del cambio que necesitamos (allá)», el aspirante demócrata habrá de salir favorecido hoy y, repito, ratificado el próximo 15 de diciembre. Pero se empieza a ironizar decía con el hecho de que habrá de impulsar y promover los cambios, para que todo vuelva a ser igual. La hegemonía norteamericana no lo es únicamente en el ámbito económico y financiero. Su hegemonía es fundamentalmente militar. Esa hegemonía no se pondrá en riesgo con el senil aspirante republicano. Pero tampoco con el demócrata.
¿Se podrían esperar acciones concretas para propiciar una reducción en el consumo interno de drogas en la juventud de aquella nación? Esa promoción de acciones de cambio, sí quedarían como producto quizás una sociedad en verdad más ilustrada y consciente de su impacto mundial, más allá de las imposiciones. Pero los nexos de esa «industria» en tantas esferas de acción, hacen difícil vaticinar tales acciones esperadas.
¿Podrá América Latina esperar mayor respeto y reciprocidad? También cae en el campo de los inciertos. La crisis interna es tan grande y tan compleja, que el solo anuncio de la reducción de la carga impositiva para los más pobres y el incremento para los poderosos, ya está generando olas y rumores de todo tipo y en deterioro de la aspiración demócrata. Sin lugar a dudas el fenómeno electoral es interesante.