Mariadolores Castellanos y su zona roja


Corazonada. FOTO LA HORA: CORTESíA

Mariposas, plumas, alas, pa?jaros en pequen?os cofres… Entrar al estudio de Mariadolores Castellanos es como entrar a un museo. Es una coleccio?n de objetos, de si?mbolos y de memorias. Adentrarse en su espacio es adentrarse en cientos de ima?genes, de figuras, de ideas, algunas guardadas en un contenedor de resina y otras en constante proceso. Es trasladarse a un Wunderkammern, la antigua ca?mara de las maravillas. Gabinetes llenos de curiosidades -hallazgos sorprendentes- objetos extraordinarios o inauditos, e incluso trozos de historias aparentemente sin sentido. Sin embargo, esos elementos y seres han sido cuidadosamente seleccionados en la bu?squeda de producciones humanas y de la naturaleza fragmentadas. La relacio?n que Mariadolores tiene con esas cosas (libe?lulas, colibri?es disecados, escarabajos, corales) son relaciones i?ntimas, pues todas e?stas esta?n ligadas a su ser ma?s profundo.


Botón Rojo (2010), resina-mixta. FOTO LA HORA: CORTESíALlegaré hasta ti (2010), alkido. FOTO LA HORA: CORTESíA

Pero el proceso de seleccio?n es so?lo un inicio, un acto banal comparado con lo que le sigue, pues esas cosas sera?n depositadas dentro de una ca?mara transparente en forma de cuerpo o partes de cuerpo. Mariadolores se ha dedicado por an?os a guardar y a preservar a modo de un cienti?fico del renacimiento esos objetos preciados; desde que seco? las flores de su buque? de bodas, guarda todo eso como si fuesen documentos u?nicos; todas esas cosas con las que se identifican desde su perspectiva de guatemalteca, de mujer, de madre, de abuela. Asi?, esos cuerpos transparentes guardan en su interior diversas etapas de la vida de la artista y de vidas paralelas.

Como guatemalteca, Mariadolores tiene impregnada la herencia barroca, la imagineri?a colonial, las ima?genes de un pai?s con una historia que huele a sangre.

Todas esas cosas se leen en su obra, entre vestidos de encaje de principios del siglo XIX, los ajuares amarillentos, las flores secas, los corse?s y la religio?n con sus te?tricas figuras.

Brazos colgando, pulmones de barro, piernas de resina, moldes de fibra de vidrio con formas de cuerpos ya vaci?os, corazones colocados en una caja, torsos brillantes con venas hechas de coral… En las palabras de Umberto Eco, la base de una coleccio?n, como ocurri?a en el caso de los patricios romanos, los sen?ores medievales o las galeri?as y museos modernos, es el gusto por la acumulacio?n y el incremento ad infinitum. Pero la curiosidad de Mariadolores deja de ser la de un coleccionista obsesionado por poseer cosas, para convertirse en una forma de comunicacio?n y su exploracio?n se convierte en la exploracio?n de su propio interior.

Sus obras de arte no son meros objetos o [assemblages] resultantes de una experiencia arti?stica sino una vida entera, abierta, entregada y cuidadosamente conservada para que el espectador pueda descifrarla. Mariadolores se nos muestra transparente. Desde sus trabajos ma?s antiguos nos ha mostrado cuerpos desmembrados, tanto en su pintura como escultura; pero no fue sino hasta que accidentalmente una gota de resina cristal se seco? al escurrir de una gasa con la que experimentaba, que descubrio? ese material que le dari?a tantas posibilidades y al que ella le encontrari?a ma?s de las que quiza? se crei?an posibles.

Su proceso no es del todo calculado pues deja que sucedan accidentes, como una extensa rajadura o un conjunto de burbujas, asi? como los accidentes del cuerpo, como enfermedades inevitables que se quedan marcadas en el interior volvie?ndose parte de nosotros. De ese accidente inicial nacieron esculturas monumentales y pequen?as joyas.

Sin embargo, sus piezas no se terminan alli?, pues Mariadolores las retrata como si se tratase de personajes reales, y los plasma en un cuadro con toda su luminosidad reinterpretando su propia creacio?n, alargando su vida, en constante desarrollo.

Los objetos y las formas resultantes son signos; mensajes. Son su soledad y la soledad de muchas mujeres, la angustia, el dolor. Son su autorretrato, y a la vez la imagen de las ansias ma?s reco?nditas «porque el hombre hace con los objetos lo mismo que el alma realiza con el cuerpo, impregna?ndolo de sus anhelos y sentimientos, manifesta?ndose a trave?s de las arrugas carnales, el brillo de los ojos, de las sonrisas y de la comisura de sus labios.» Y son precisamente esos objetos los que acaban por revelarnos a nosotros, nosotros hoy y aqui?. E?se es el arte de Mariadolores.

La exposición Zona Roja será inaugurada el dí­a 30 de septiembre a las 19:00 horas y estara? abierta al público hasta el 30 de octubre, en Plaza Obelisco, 16 calle 1-01 zona 10 de lunes a viernes de 9:30 a 19:00 horas y sábado de 9:30 a 13:30 horas. Citas al 23673284 y 23673266.