Marí­a Olga Paiz y Jorge Kí¶ng


Yo tení­a unos 11 años cuando veí­a pasar a pie todos los dí­as a don Federico Kí¶ng hacia su fábrica de «jabón de coche», como llaman los guatemaltecos a ese producto. Por esa época conocí­ a Federico y a Jorge, hijos de don Federico. A veces, don Federico me regalaba unos diez centavos para que yo le hablara inglés; hací­a un año que yo habí­a regresado de estudiar en el extranjero y el inglés me quedó como segundo idioma. A la vuelta, los zopilotes revoloteaban por la fábrica esperando el momento en que sacaran los pellejos y restos de los animales que sacrificaban para obtener la grasa y fabricar el jabón.

Roberto Arias

Don Federico aprovechó su monopolio y compró cuasi regaladas manzanas de terreno en la capital. Así­ se adueñó de varias manzanas en la parte que ahora es la zona 4, incluyendo la del Hotel Conquistador, que actualmente pertenece a la familia de su hijo Jorge Kí¶ng Vielman.

Cuando Jorge Kí¶ng Vielman por un motivo baladí­ asesinó salvaje e impunemente a balazos a los hermanos Paiz Maselli en un restaurante de la zona 9, hijos del coronel Paiz Bolaños, la noticia estremeció a toda Guatemala. Quisieron culpar a su guardaespaldas, un policí­a militar ambulante que pertenecí­a al Ejército y era miembro de una fuerza de donde salí­an los guardaespaldas y guardias para cuidar los negocios y las casas de los acaudalados ciudadanos de la época.

Jorge Kí¶ng Vielman fue a parar a la cárcel, recluido oficialmente -salí­a a diario- en el Segundo Cuerpo, de donde el mismí­simo Presidente de la Corte Suprema de Justicia lo fue a sacar, después de un favorable fallo jurí­dico de madrugada, para llevarlo personalmente al aeropuerto con destino al extranjero, en donde vivió varios años a cuerpo de rey, dentro del marco de la impunidad del gran Capital guatemalteco, para volver amparado por el olvido de esta desmemoriada sociedad.

Cuentan que cuando su familia le reclamó que por su estupidez habí­an perdido en sobornos y otros gastos tres millones de dólares del capital familiar, entre risas Jorge dijo que simplemente le subieran seis quetzales (dólares entonces) a la caja de aceite comestible, monopolio de la canasta básica. Como siempre, el paciente o torpe pueblo de Guatemala pagó y sigue pagando sin chistar los abusos de la joya de la familia Kí¶ng, y de otras familias de su especie.

Lo que verdaderamente me impactó de toda la relación de esos sonados asesinatos cometidos prepotente e impunemente por Jorge Kí¶ng Vielman, fue parte del comentario de don Clemente Marroquí­n Rojas en La Hora. Recuerdo que escribió más o menos en estos términos: «Mi queridí­simo amigo coronel Paiz Novales, a usted le faltó hombrí­a. Usted debió tomar su revolver y cobrarse ojo por ojo y diente por diente, porque está usted pidiendo justicia en un paí­s en donde de ésta sólo existe el nombre». El testimonio de don Clemente permanece válido.

Marí­a Olga Paiz, cuyo padre fue asesinado por Jorge Kí¶ng Vielman en 1977, quien permanece en la impunidad por obra y gracia de la justicia guatemalteca, es columnista de elPeriódico. Mi condolencia a Marí­a Olga… 30 años después.

Baso esta nota únicamente en mi propio recuerdo de esos acontecimientos.