Durante la primeros años de la Edad Media la penitencia empezó a dominar la espiritualidad que manejaba la Iglesia de la época, es así que se volvió habitual el escribir vidas de santos para tomarlas como ejemplos de conductas de vida.
Universidad de San Carlos de Guatemala
Es hacia este periodo histórico en que van a surgir las diferentes imágenes que se tienen acerca de uno de los personajes más importantes dentro del proceso de la Pasión de Cristo, María Magdalena, las cuales provienen de las diferentes leyendas y tradiciones que fueron apareciendo a lo largo de toda Europa, tanto en Occidente como en Oriente, y las cuales darán nueva vida revitalizando la devoción a dicha santa.
Según se tiene noticia, Santa María Magdalena fue, después de la Virgen María, el santo más popular durante la Edad Media, en el cristianismo primitivo fue una figura que tuvo una gran importancia. Dentro de su culto se puede observar la idea que manejaba la sociedad de la época hacia la mujer, la sexualidad, el pecado y el arrepentimiento. La percepción que popularmente se tiene acerca de Santa María Magdalena surge de las Sagradas Escrituras, sea ella o no la que aparece en diversos pasajes con los que se le ha asociado. Esto se debe en gran parte a que los pensadores y teólogos de estos primeros siglos, únicamente tenían éstas como fuentes, tanto cristianas como hebreas.
Es así entonces como comienzan a aparecer a lo largo de toda Europa distintas leyendas acerca de la vida de Santa María Magdalena, como parte de todo el enramaje que se crea en este momento a su alrededor, para dar sustento a la figura que la Iglesia misma había generado de la que bien podría ser la santa más importante que se tuvo durante el Medioevo, como se mencionó anteriormente. Las leyendas medievales relacionadas con Santa María Magdalena, giran alrededor de tres aspectos fundamentales, en primer lugar su pasado pecador y su consecuente conversión, por otro lado la devoción que le tuvo a Jesús durante su vida, y por último la labor evangelizadora que ella desarrollo en el sur de Francia. Con el paso de los siglos, van surgiendo una innumerable cantidad de narraciones acerca de la vida de esta santa, antes, pero sobre todo, después de la resurrección de Cristo.
Según nos indica la investigadora Amy Welborn, en su libro “Descodificando a María Magdalena (Verdad, leyendas y mentiras)”, a partir del siglo VI comienzan a aparecer leyendas e historias acerca de la vida de la referida santa, algunas de estas son las nacidas en el Cluny, el cual es un gran monasterio del Cister franciscano, y las mismas son atribuidas a uno de los monjes que vivían en este lugar de nombre Odo. A este conjunto de historias se les denominó como la vita evangélica, estas sirvieron de complemento a las narraciones que se hacen en los Evangelios de los pasajes en donde se encuentra María Magdalena, incluyendo los que hacen referencia a María la hermana de Lázaro, así como también a la pecadora de la que hace mención San Lucas.
La referida autora también apunta que hacia el siglo XI, aparece una de las piezas fundamentales, que conforman las leyendas acerca de Santa María Magdalena, la llamada vita activa, la cual hace referencia a su vida luego de la ascensión de Jesús, y que sostiene que pasó la mayor parte de su tiempo en el sur de Francia en donde se dedicó a evangelizar y en donde fue enterrada.
Una de las recopilaciones de leyendas sobre la vida de los santos y la que mejor sirve como referencia para tener una idea de cómo era vista Santa María Magdalena durante esta época por ser la más difundida, es “La Leyenda Dorada”, realizada por el fraile dominico Santiago de la Vorágine hacia el año 1264. Dentro de esta, Santa María Magdalena se presenta como la hermana de Marta y Lázaro, quienes formaban parte de una familia acomodada, de hecho se les presenta como descendientes de reyes, dueños de tierras en Betania incluyendo el castillo de Magdalo -del cual toma su nombre la santa-, y gran parte de Jerusalén. De la Vorágine nos dice que los nombres de los padres de estos, eran Siro y Eucaria. Luego de su muerte fueron repartidas las propiedades entre los tres hermanos, pero fue Marta la encargada de dirigir las mismas ya que Lázaro solo se interesaba por asuntos militares, mientras que María, quien era joven y bella, se entregaba a los placeres de toda clase. Así mismo menciona que luego de la ascensión de Jesús, los tres vendieron todo lo que tenían, y lo obtenido lo dieron a los apóstoles. El religioso dominico también apunta que debido a la vida que llevaba María Magdalena, la gente generalmente se refería a ella como “la pecadora”.
En la obra se presenta el pasaje de la mujer que lava los pies a Jesús en la casa de Simón el Leproso, haciendo referencia a que es María Magdalena quien realiza esta acción. Luego se hace una evocación al relato de San Lucas cuando Jesús expulsa de ella los siete demonios, así como también de la resurrección de Lázaro, fundiendo a estas dos mujeres en una sola. A partir de este momento María se convertiría en una fiel discípula de Jesús.
Luego de esto, únicamente se menciona de forma somera la presencia de María Magdalena junto a la cruz en el Calvario, y que fue ella quien compró los aromas para ungir su cuerpo antes del entierro. Así mismo, fue la única que se quedó velando en el sepulcro mientras los demás discípulos se marcharon, siendo ella a quien se le apareció en primer lugar Jesús resucitado, convirtiéndose así en la encargada de llevar la noticia a los demás y por ende en “apóstola (sic) de apóstoles”.
Posteriormente el relato se ubica exactamente catorce años después de la ascensión, en el momento de la persecución del cristianismo. En ese momento María, junto a sus hermanos Marta y Lázaro, son puestos en un bote sin timón ni velas, y son echados al mar junto a otros personajes, entre ellos un hombre de nombre Maximino -a quien, según de la Vorágine, San Pedro encargó que atendiera espiritualmente a María Magdalena, y del que apunta la leyenda llegó a ser un obispo muy importante- y otras personas más. El bote llega milagrosamente a las costas de Marsella, ciudad que se ubica al sur de Francia. Es a partir de este momento, en que la faceta de María Magdalena como predicadora hace su aparición, convirtiéndose así en parte importante de su vida según las leyendas que se tejen alrededor de la misma, tomando un lugar muy significativo dentro de la tradición que se conformó en torno a su imagen.
De la Vorágine apunta que luego de esto “…santa María Magdalena, deseosa de entregarse plenamente a la contemplación de las cosas divinas, se retiró a un desierto austerísimo, se alojó en una celda previamente preparada para ella por ángeles y en dicha celda vivió durante treinta años totalmente apartada del mundo y aislada del resto de la gente.” En este lugar entra en continuos estados de éxtasis durante sus momentos de oración, en los cuales era llevada por ángeles cada día, siete veces al cielo, correspondiendo estas a las Horas Canónicas del Oficio, y en donde su alma se alimenta por lo que su cuerpo no necesita de comida material alguna.
El relato concluye con dos versiones de la muerte de la santa, en la primera es llevada por ángeles de la celda en donde moraba al oratorio de San Maximino, personaje mencionado líneas arriba, en el amanecer de un Domingo de Resurrección, en donde luego de recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, expiró. La segunda versión se cree fue escrita por Hegesipo o bien por Josefo, ambos historiadores de los primeros siglos, la cual es muy similar a la primera, aunque con algunas pequeñas variantes.
Por último es de hacer mención que Welborn hace referencia a otra obra muy importante que contiene relatos sobre María Magdalena, es la conocida como “La vida de Santa María Magdalena y de su hermana Santa Marta”, la cual es de autor anónimo y se dice que data del siglo XII, la misma guarda mucha similitud en sus relatos con los consignados por Santiago de la Vorágine.
Grabado guatemalteco que reproduce la faceta eremita contenida en las leyendas medievales que narran la vida de Santa María Magdalena, imagen muy difundida sobre todo en Europa y a la que se le conoce como la Magdalena penitente, el mismo se encuentra dentro de la Novena preparatoria para su fiesta, que data del año 1737. (“Colección de Novenas”, Museo del Libro Antiguo, fotografía Julio R. Martínez, año 2007.)