Desde que nació, un halo de luz la iluminó como una gran estrella que la guió todo el tiempo en el camino de su vida. La poesía la llevaba impregnada en su alma y como rosal exquisito, la escribía desde muy pequeña. Estando en el colegio, a la edad de 9 años, un grupo de compañeras cuando iban camino a una excursión, le preguntaron a María del Mar: «Â¿es usted capaz de hacerle un poema a ese poste viejo?» La pequeña niña observó el paisaje y el poste y al momento respondió: «Pobre poste solitario/ luces triste y desolado./ El verano ha agrietado/ tu traje de madera./ Soportas el viento/ el frío de la noche/ y el sol te ha puesto viejo./ Pobre poste solitario/ yo te amo/ porque siempre firme/ y silencioso/ te encuentran trabajando/ los días y los meses/ encendiendo la luz/ de los hogares/ cuando el día muere». Campo de la Ermita 1930. Al terminar se asustó mucho, pues todas las compañeras le aplaudieron y la abrazaron, por el poema que más tarde tituló «Reto Estudiantil». Siempre dispuesta a servir a su prójimo, María del Mar hizo una gran labor social y cultural con su legado literario y su tersa y expresiva voz al interpretar poesía. Su trayectoria periodística sobresale por la pasión con que defendía a Guatemala, tanto en su noticiero radial «Voces Espontáneas» como en su columna «Hojas al viento», que publicaba aquí en Diario La Hora, que siempre le dio su lugar como una ilustre escritora política y cultural. La poeta Carmen Matute expresó: «Â¡María del Mar siempre tan combativa!» y la filósofa Margarita Carrera dijo: «su nombre es un poema: toda ella nos recuerda la poesía». María del Mar, escribía todo lo que acontecía en el momento, denunciando injusticias, aconsejando a los funcionarios públicos, a los gobernantes, que trabajaran por su pueblo y no para ellos, que la solución estaba en no satisfacer sus bolsillos, en poner fin a los narcotraficantes, a la delincuencia; siempre dio soluciones para que mejorara la situación de los guatemaltecos, prueba de ello es que el último artículo que estaba escribiendo lo tituló: «Â¿Ha perdido credibilidad la OEA?», y comienza así: «El sábado pasado 21 de abril de 2007, se publicó en Diario La Hora mi artículo titulado La inseguridad tema candente, asunto que ha inquietado a la Organización de las Naciones Unidas, instándola a sugerir a los partidos políticos involucrados en el proceso electoral se preocupen por atacar en forma directa un mal que viene causando daños irreparables en la comunidad nacional, a la vez que me preguntaba si la voz de la ONU tendría respuesta favorable en la inseguridad…» María del Mar, apasionada, dinámica, oradora por excelencia, ha partido al infinito el último día del mes de abril, mes que siempre amó por haber conocido en él al filósofo León Aguilera y que tanto lloró porque en ese mismo mes también muere el poeta de las jacarandas. Dios le dio permiso para que disfrutara hasta el último momento de ese mes de abril que tanta alegría y tristeza le daba, ejemplo de la dualidad divina del universo. María del Mar sembró amor, amistad, sabiduría, su fallecimiento ha conmocionado al mundo intelectual. En su poema «Apenas mi deseo» María del Mar se expresa así de la muerte: «Viento a donde va tu cara/ luciendo la fragancia/ desnuda de la estrella/ es de verdad que existes/ en la piedra del río/ que aquí/ en este mismo sitio de las rosas/ hueles a hierba buena/ a carmín sosegado de resedas/ a doliente silencio de amarilla retama/ o es mentira que ahora atraviesas mis manos/ con ese gran puñado de soledad/ que hiela mi vacío./ Cómo me dolerá mañana/ estar ya muerta/ corregida de todo/ disminuida/ ser idéntica al suceso/ que muere en una lágrima/ enmendarme en la nada/ como antes del vientre de mi madre.» Un crisantemo a la memoria de mi madre María del Mar.