Quizá porque aún no había llegado el momento del verdadero arranque de la lucha político-electoral, era evidente lo que podemos calificar de marcado desgano cívico respecto del forcejeo de los diferentes grupos con pretensiones de hacerse del poder.
Cuantas veces nos es dable, hacemos contacto con ciudadanos y ciudadanas de los diversos estratos sociales, por lo que hemos podido notar que es bastante generalizado el desinterés de nuestros numerosos entrevistados como al azar. Muy significativo eso, ¿no?
Pensamos que hay mucho desencanto entre el electorado en lo que hace a la gente que trata de conquistar las principales posiciones de la frondosa burocracia.
Las pasadas glorias de la politiquería que se ha expresado negativamente en los engranajes de todo rango del aparato gubernamental nos explican esa desilusión ciudadana.
Varios de los regímenes de gobierno que hemos tenido a partir de la nueva era «democrática » que inauguró Vinicio Cerezo Arévalo en las postrimerías del siglo pasado tuvieron el santo de espaldas, por lo menos en algunos recodos del anfractuoso camino.
Ojalá que en lo poco que falta ya para concurrir a las urnas cambie la situación de apatía que se manifiesta entre el electorado.
Hay candidatos presidenciales que no convencen a la masa popular con su sarta de promesas y más promesas. Casi todos ofrecen lo mismo, pero, dada la amarga experiencia que se tiene del pasado cercano y lejano, la mayoría de la gente se muestra incrédula.
Hay presidenciables y vicepresidenciables que han captado simpatías en buen número de departamentos de la República, no propiamente en todo el ámbito nacional. No faltan ciudadanos y ciudadanas que externan opiniones en el sentido de que en determinadas planillas debieron figurar los vicepresidenciables en «primer lugar», o sea en el de los presidenciables, dados sus meritos personales, profesionales, cívicos y de todo orden.
Ahora bien, en cuanto a los diputados bullen los más variados comentarios. Como al unísono se critica avinagradamente el hecho de que ninguno de los aspirantes al lujoso tabureton presidencial se ve dispuesto a atender el clamor del grueso del pueblo para que se reduzca sustancialmente el número de esos privilegiados politiqueros que constituyen una pesada carga para el Estado, lo que equivale a decir? para el sufrido y eterno aguantador Juan Pueblo?
Esos señores, en su enorme mayoría, son unos venerables desconocidos para gran parte de los electores, pero como las planillas no son individuales, sino colectivas, se cae, ni más ni menos, que en trampas. En la «alegre democracia» que vivimos todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar!…
Ya tenemos, pues, unos motivos que nos dicen el porqué del desgano cívico que virtualmente campea en casi todo el cotarro, a pesar de la música celestial propagandística que escuchamos en la radio y en la televisión.
De muchos de los candidatos a las alcaldías y a las concejalías se dice hasta lo indecible, sobre todo de algunos que tercamente, contra la voluntad de las comunidades, quieren reelegirse a pesar de las colas que arrastran.