Maras: problema social


Eduardo-Villatoro-2013

Hoy cedo mi espacio al texto del doctor en Ciencias Penales Joaquín Medina Bermejo, periodista, especialista en Derecho Constitucional y otras calidades académicas, quien comenta mi columna del pasado jueves sobre un análisis del criminalista Julio Rivera Clavería acerca de las maras. Dice así:

Eduardo Villatoro


“Conforme los mayores expositores del Derecho Penal del Enemigo, como Jacobs y Foucault, el Estado, los gobiernos, los gobernantes, los sectores que pretenden poseer el control de los gobernados, crean figuras que estigmatizan a quienes por alguna razón deben ser considerados enemigos del Estado, los diferentes, los otros, y que, por lo tanto, son los perversos, los que no merecen ni ameritan otra oportunidad y por ello hay que sancionarlos drásticamente.
 
“Me refiero al artículo ‘Maras: fenómeno criminal’ publicado por el periodista y licenciado en Derecho Eduardo Villatoro, quien en su columna evidencia algunas falencias de la ponencia que plantea el abogado Julio Rivera Clavería, quien, al parecer, se olvidó del derecho garantista y más se enfoca en una teoría de derecho de autor, o como asegura el maestro Zaffaroni, en una teoría criminal de aquietamiento, de pánico o temor social, mediante la cual se califica y define a ciertos grupos (maras) como fenómenos criminológicos que deben ser extirpados  y que forman parte de la visión de gobiernos recalcitrantes y represivos.
 
“No digo que los guatemaltecos no tengamos razón de sentir rabia sobre las acciones y conductas que durante las últimas tres décadas hemos observado por estos casi incontrolables grupos de delincuentes juveniles llamadas maras.
 
“Pero ya no podemos continuar actuando como en época de la Ley de Talien y menos aún cayendo en la trampa de las escuelas criminológicas de antaño que definían a un delincuente por su joroba, defectos de su rostro, el color de su piel, el tamaño de su cabello o cualquier otra característica que le hiciera diferente a los demás.
 
“Históricamente han sido perseguidos los diferentes, los que no son parte del grupo que manda, por lo que se les estigmatiza señalándoles de tener muchas probabilidades de transformarse en delincuentes por feos, narigones, pequeños, gordos, peludos, pelones…
 
“No olvidemos la persecución en la época de la Inquisición, cuando las mujeres, principalmente, eran acusadas de brujas y de cometer delitos contra el Creador. Era imposible entonces que se acusara a un hombre de brujo o de blasfemo; pero a las mujeres, a quienes ya se les discriminaba acusándolas de ser débiles ante el pecado, se les condenaba a la hoguera por ser brujas, hechiceras y fanáticas de Satanás. ¿Sería ello cierto?
 
“¿Qué pasó con los creyentes en época de Moisés, con los leprosos en vida de Jesús, con los cristianos en épocas posteriores, con los judíos en el régimen de Hitler, con los comunistas en fechas recientes, con los hippies en los años ’60, con los negros en Estados Unidos, con los nativos de América durante la colonia, y con toda persona diferente que, como las maras, surgen de la pobreza, del olvido y del descuido social?
 
“Discrepo respetuosamente del autor de ese estudio, que no está adecuadamente abordado, salvo que, como mi opinión, el análisis no fue plenamente desarrollado por falta de espacio. Próximamente podría plantear   soluciones a este grave problema social, si cuento con páginas de La Hora”.
 
(El cínico Romualdo Tishudo asevera que el que de patojo es feo y mañoso, tiene muchas probabilidades que al crecer desarrolle ambas condiciones).