En una declaración que publica hoy Siglo XXI, el abogado Carlos Castresana en su calidad de Comisionado de la CICIG, dice que en el fondo hay un claro intento por sacarlos del país mediante acciones como las que se vienen implementando en casos concretos sometidos al ámbito del empeño por combatir la impunidad en Guatemala. Y cita concretamente los casos de la abogada Gladys Monterroso, del ex fiscal ílvaro Matus y del ex presidente Alfonso Portillo, quienes usando exactamente los mismos argumentos tratan de impedir que sea esa comisión internacional la que lleve sus respectivos casos.
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La crisis política derivada del asesinato de Rodrigo Rosenberg planteó a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala un escenario totalmente distinto porque súbitamente hubo respaldo aun de sectores que se habían opuesto a la CICIG para que investigara ese crimen, el de los señores Musa y las acusaciones formuladas por Rosenberg en el vídeo que filmó antes de su asesinato. El alto impacto de esa situación hizo que los ojos de la opinión pública se centraran en el trabajo de investigación relacionado con esos casos de tantos ribetes políticos y, mientras tanto, los actores de otros procesos en los que CICIG ha venido trabajando se movieron para aprovechar la confusión y dar su zarpazo, usando para el efecto las estructuras a su servicio en el poder judicial.
Hoy se publica que los jueces se sienten agraviados por la acción de la CICIG que no sólo apeló el fallo de la jueza que los apartó del caso Portillo sino que la acusó de obstrucción de la justicia y se dice que un movimiento de juzgadores podría dar su respaldo a la abogada que sin pudor ni recato dispuso asegurar sin lugar a ninguna duda que Portillo quede sin ser sometido a un proceso serio de investigación. Por supuesto que nadie se sorprendería que sean varios los jueces que se sumen al respaldo de la que obstruye justicia, puesto que en esa función son varios los que tienen papeles asignados por los tenebrosos grupos de poder oculto que funcionan como grupos clandestinos. Pero es momento de ver si en medio de la podredumbre también salen a luz los rostros de la decencia y vemos a juzgadores que entienden que el país no puede seguir por la senda de la corrupción y de una justicia vendida al mejor postor. Estoy seguro que hay jueces en Guatemala que tienen patriotismo y tienen decencia y que entienden que nos urge ponerle coto a las prácticas indignas que han vilipendiado al sistema judicial en el país.
Aquí la cosa está muy clara y la ciudadanía tiene que entenderlo porque se está jugando la carta decisiva para ver si es posible hacer algo para detener nuestro rápido avance hacia la condición ya ineludible de Estado fallido. Hoy somos aún un Estado frágil que tiene instituciones débiles incapaces de cumplir sus fines y en el aparato de justicia es donde más se nota esa debilidad. No necesitamos que todos los jueces sean transparentes y honestos, pero sí que al menos dispongamos de algunos con tales atributos para que se pueda iniciar la depuración del sistema. Si todos los jueces se vuelvan en apoyo a la corruptela, el espacio para esperar cambios por la vía normal y legal se cierra, poniendo así en agonía a todo un sistema que estará dando sus últimos estertores. Pensemos por un momento lo que sería hoy en Guatemala ver que la CICIG se va porque definitivamente ya no puede hacer nada para combatir la impunidad. Si ellos se van, ¿Podremos nosotros como ciudadanos hacer el trabajo? Un serio tema para reflexionar.