Quienes me leen saben que mi familia constituye lo más importante de mi vida y que alrededor de mi esposa, mis hijos, mis hijos políticos y mis nietos centro todo lo que hago. Dios nos ha llenado de bendiciones que no podemos agradecer adecuadamente porque son en realidad abrumadoras y el ver a cada uno de mis seis hijos formando su propia familia y creando ellos a su vez alrededor de su propio entorno otro eje para proyectar valores y tratar de formar nuevas generaciones que comparten una visión solidaria del mundo, creo que mucho hemos logrado con María Mercedes.
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María Gabriela es la cuarta de mis hijos y se ha dedicado con empeño a su profesión de odontopediatra que es reflejo de su actitud ante la vida. Le han fascinado siempre los niños y cuando viajó a Nueva York para especializarse en NYU, de cuya facultad de odontología llegó a ser profesora, sufría mucho por no ver a sus sobrinos. Le tocó vivir allá la experiencia terrible del 11 de Septiembre de 2001 y creo que ese fue un factor que al final nos la devolvió porque poco tiempo después vino a poner su clínica, primero con el alero protector de Rafa Flores y Servando Espinoza, y luego por su cuenta en un proyecto muy interesante.
Desde sus tiempos de colegio había conocido a un patojo que era amigo de José Carlos, el segundo de mis hijos, y ambos se gustaron, pero la timidez hizo que el de ellos fuera un enamoramiento platónico y la rutina universitaria se encargó de apartarlos. Con los años, la Gaby se fue a Nueva York y Emilio Matta Saravia se fue a Chile a estudiar su maestría en Administración y fue hace unos cuatro años que volvieron a verse y la primera pregunta que se intercambiaron fue si ya se habían casado. Al encontrarse solteros revivieron la ilusión de años atrás y al poco tiempo se hicieron novios.
Hace pocos días le decía a mi mujer que todas las novias se notan felices en esos días de preparativos para las bodas, pero que la Gaby estaba flotando de tal felicidad que no creo haber visto antes en nadie. Y eso que ella ha sido siempre muy alegre, la chispa de todas las reuniones familiares y la encargada de que los niños se sientan el centro de la atención de todos los adultos. Nunca lo ha dicho, pero creo que siendo tan patojera su vida extraña la maternidad para ser plena y ahora que siente que puede alcanzar esa meta no puede ocultar su estado de ánimo.
Como dije, conozco a Milo Matta desde hace más de veinte años, cuando con Tono su hermano llegaba a la casa con José Carlos y varias veces fueron a Amatitlán con nosotros. Siempre correcto y educado, es, además, un empresario que no sólo es emprendedor sino que también es un trabajador incansable, pero lo que más me impresiona de él es la forma tan especial en que trata a la que desde mañana será su esposa.
Siempre me he sentido orgulloso de mis hijos, pero lo mismo siento de mis yernos (que ahora serán dos) y de mis nueras. Nos sentimos profundamente cerca de nuestros nietos, aun de los seis que viven en el extranjero, gracias a que tenemos esa bendición de sentir siempre abiertas las puertas de sus casas porque nuestros hijos políticos así lo permiten y lo mismo pasa, con mucha más frecuencia, cuando llevan a sus hijos a nuestra casa que se ha convertido en alegrísimo centro de muy constantes reuniones.
Entregando a la Gaby completo el ciclo con mis seis hijos, y le doy gracias a Dios por haberme permitido esa dicha, seguro de que junto a María Mercedes y con José Antonio y Vilma, veremos crecer esta nueva familia.