Malos hábitos


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Cada vez que llego a mi destino conduciendo mi vehículo automotor doy gracias a Dios por haberme librado de una colisión, atropellamiento o algo más grave aún por haber estado encerrado en una caja metálica por tanto tiempo inmerso en un tránsito cada vez más desordenado, anárquico y complicado. Lo mismo hago al abordarlo. Me santiguo, tal y como me lo inculcó mi abuelita antes de decirme “que Dios vaya contigo”.

Francisco Cáceres Barrios


Esta vez no me voy a referir a la indolencia o incapacidad de nuestras autoridades para prevenir los accidentes de tránsito pues, a pesar de estar enraizado el mal,  seguimos viendo con mucha pena y frustración que eso también les viene del norte, por la poca o ninguna atención que le ponen para solucionarlo.
Todos los seres humanos necesitamos tiempo y dedicación para aprender un oficio y bien sabemos que las destrezas se adquieren a través de una constante repetición. Por ello ¡Dios guarde! al aprendiz que mal  enseñan a manejar un vehículo automotor o no haberle inculcado buenos  hábitos como respetar que el semáforo está en rojo para detenerse completamente; no rebasar por la derecha al vehículo que marcha delante;  no conectar las luces indicadoras para advertir los cambios de ruta o para cambiarse de carril; no digamos dejar de encender las luces intermitentes cuando va a detener el vehículo.
Un día de estos, tuve necesidad de tomar un taxi y al finalizar el servicio no pude resistirme a decirle al conductor que jamás volvería a contratar sus servicios porque le había contado más de una docena de malos hábitos al conducir. Su respuesta no se hizo esperar –pues le cuento que tengo más de diez años de hacerlo y no he sufrido accidentes. –Pero muy pronto los va a sufrir, le advertí, porque lo que usted en realidad tiene son diez años de “manejar mal”. ¿Y es que usted, estimado lector, no ha visto a jugadores de fútbol en ligas mayores que aprendieron mal a patear una pelota y por ello cada vez que lo intentan frente al marco contrario ineludiblemente fallan?
Relato lo anterior ante la urgente necesidad para que nuestra sociedad aúne sus mejores esfuerzos para educar, formar, adiestrar o capacitar a nuestros conductores de vehículos para que a través de la repetición puedan irse eliminando los malos hábitos adquiridos por nuestros conductores de vehículos automotores. Y es que el secreto para afianzar una conducta es la repetición, pues sabido es por todos que los hábitos no son innatos sino son adquiridos. De ahí la importancia de que tanto padres como educadores desde un principio deben inculcar en los niños y jóvenes buenos hábitos y cuando de adultos se trata, es donde debe entrar a participar la misma sociedad para lograr cambiar aquellos que por desgracia puedan representar pésimas y hasta fatales consecuencias. ¿Qué me contesta, estaría usted dispuesto a echar una manita?