Malos guatemaltecos


Hace algún tiempo, ya en la época del presidente Colom, platicando un dí­a con amigos, uno de ellos me calificó de loco por haber dicho que yo sí­ me harí­a cargo del Ministerio de Gobernación, con la única condición de que se me permitiera trabajar apegado a la Ley y que nunca ni nadie me dejara salirme de ella. Dije también que garantizarí­a la permanencia de todo el personal que cumpliera con la Ley, a pesar que bien sabemos todos la imperiosa necesidad de depurarlo, al punto, que actualmente no se pueden realizar operativos policiales sin que «alguien» filtre esa intención, no digamos gestionar la captura de sospechosos delincuentes, porque a la hora de efectuarlas, los encartados han puesto sus pies en polvorosa.

Francisco Cáceres Barrios

Mi tesis se basa en que para lograr una eficiente administración no es necesario hacer cada quien lo que le venga en gana, sino apegarse a la Ley o bien promover su promulgación o modificación para lograr el objetivo. Es por ello que sigo insistiendo que lo primero que hay que tomar en cuenta en todos los aspirantes a ocupar un cargo público es que no sean malos guatemaltecos, especialmente los que andan viendo sólo dónde hay fondos públicos para «armarse» lo más pronto posible ante cualquier eventualidad o aducir que para lograr más rapidez en las compras o realizaciones buscan el expedito camino para hacerlos, como los fideicomisos o las ONG»s aunque eso signifique vulnerar la Ley y transgredir valores y principios.

Malos guatemaltecos también son aquellos que han provocado que un representante de una organización o paí­s extranjero manifieste que en Guatemala no existe un compromiso serio con la utilización de los fondos provenientes de los amigos, quienes tienen la mejor intención de ayudarnos. Y eso es correcto, porque no le hace ningún bien a la patria aquel que ocupando el cargo de primer mandatario o de cualquier rango menor en un gobierno constituido, sea señalado por un paí­s como Alemania, Suecia, Japón, Estados Unidos, España, Noruega, Taiwan, Paí­ses Bajos o de Canadá que nuestro Estado no cumple con las obligaciones contraí­das cuando ellos sí­ lo hacen. Esa y no otra es la razón de que a Guatemala se le siga viendo con desconfianza para asumir sus compromisos. ¿Eso no es para que a uno se le caiga la cara de vergí¼enza?

Me llamó mucho la atención una observación que acaba de hacer uno de tantos representantes de paí­ses extranjeros, cuando admira la prisa que ha venido apreciando por inaugurar a troche y moche las obras financiadas con aportes de las naciones amigas, cuando en muchas ocasiones éstas aún no estaban terminadas. Ni modo, esta es otra caracterí­stica de muchos malos guatemaltecos para aprovecharse de cuanta cosa cae en sus manos para dar rienda suelta a la vasta propaganda politiquera, pues lo único que les importa es la apariencia, el relumbrón y sus intereses personales.