Mall: de vuelta a la caverna


«Decimos no a un sistema que pone precio a las cosas y la gente.»

Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo

El mito platónico de La Caverna no falta en cualquier curso de Filosofí­a cuando se inicia el estudio de la corriente idealista. El filósofo griego, en uno de sus diálogos, nos narra la escena de un grupo de hombres que se encuentra dentro de una cueva sin ninguna posibilidad de ver hacia el exterior.

Ricardo Marroquí­n
rmarroquin@lahora.com.gt

La metáfora cuenta que gracias a la luz del Sol, en uno de los paredones de la caverna se proyectan las sombras de personas, animales, plantas y todo tipo de cosas que se encuentran afuera. Los de la caverna creen que esas sombras son la realidad, y cuando uno de ellos logra escapar al mundo exterior y luego regresa a contar lo que ha visto, nadie le cree que no es en la pared donde se puede apreciar mejor lo que existe. Tan acostumbrados están a tomar las sombras como el mundo verdadero que prefieren la oscuridad a reveladora luz solar.

El mismo tema desarrolló el escritor portugués y premio Nobel de Literatura, José Saramago, en su novela La Caverna, donde la oscura cueva se nos presenta como un bien iluminado y enorme centro comercial. Platón asegura que los hombres se encontraban habituados a vivir observando las sombras, mientras el escritor portugués advierte que la libertad del ser humano está en peligro ante la nueva sociedad que se construye alrededor del centro comercial, es decir, del mall.

El desarrollo integral de las personas, un deber del Estado, de acuerdo con el texto constitucional, abarca la recreación. Sin embargo, además de las largas jornadas laborales y de los bajos salarios, la pérdida del espacio público pone en peligro las posibilidades de la mayor parte de la población a realizar actividades de ocio.

Este vací­o fí­sico social lo intenta ocupar ahora el mall. Falso espacio de encuentro, en un mismo punto se hallan tiendas de ropa, restaurantes, juegos para niños, cines y cualquier cosa que pueda ocurrí­rsenos. Ni siquiera podemos decir que los parques se han quedado sin personas porque no existen más. La idea es crear estos santuarios del dinero en donde los únicos derechos que se reconocen son los de vender y comprar. En esos pasillos relucientes, con acuarios en corredores y restaurantes, podrí­amos preguntarnos: ¿dónde se encuentran entonces los í­ndices de pobreza en Guatemala?

Una nueva pared refleja las sombras de la realidad y hay para todos los gustos. El mall ofrece un estilo de vida cómodo, pero no para todos. Crea e impone necesidades. Como un gran bote de basura allá va a parar todo el dinero que unos cuantos pueden darse el lujo de desperdiciar. Adornado con luces y moñas, muy apropiadas para estas fechas, este templo del despilfarro da una calurosa bienvenida al consumidor que sin mucho esfuerzo logró dejar de ser un ciudadano.