Malas palabras



Como balde de agua frí­a debe haber caí­do entre los guatemaltecos que escucharon el discurso pronunciado por Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, su reclamo para que se establezca un pacto fiscal que, según él, tendrí­a como finalidad generar un contrato de igualdad de oportunidades para todos los habitantes de Latinoamérica.

Para el Presidente del BID, es inaceptable que más de 200 millones de latinoamericanos vivan en condiciones de pobreza y considera él que uno de los puntales para resolver esa situación es el reconocimiento de que un principio básico en toda sociedad que aspira a la igualdad de oportunidades entre sus miembros es que quienes ganan más, paguen más.

Luis Alberto Moreno debe haber sido enterado por los burócratas del Banco Interamericano de Desarrollo que más conocen Guatemala que en este paí­s un discurso de ese corte es como si alguien usara la tribuna de un foro de tanta importancia para pronunciar una sarta de malas palabras. Así­ es como muchos guatemaltecos han visto históricamente cualquier llamado que se haga para elevar la carga tributaria y no faltan los que sin pelos en la lengua sostienen que los impuestos son un despojo que se hace al inversionista y que la solución al problema de la pobreza está en la lí­nea contraria, es decir, pregonan que hay que reducir los impuestos para atraer más inversión que, según esos teóricos, tendrí­a que terminar con la pobreza.

Lo que no logran explicar esos teóricos es cómo todos los paí­ses del mundo que han alcanzado importantes niveles de desarrollo lo lograron mediante fuerte inversión pública (sobre todo para promover desarrollo humano) y eso les dio una capacidad extraordinaria para crecer económicamente. No existe un caso en el mundo de un paí­s que haya alcanzado el desarrollo sin tener una consistente recaudación tributaria que le permitiera invertir aceleradamente en escuelas, en salud, en seguridad e infraestructura.

Lo expuesto por el Presidente del BID es tan evidente que hasta parecerí­a una verdad de Perogrullo de no ser porque existen sectores en las sociedades latinoamericanas que se han tragado la prédica de que hay que eliminar los impuestos o reducirlos a su mí­nima expresión. Y, en el peor de los casos, aceptando que algo debe recaudarse para gastos mí­nimos, tienden a promover el impuesto indirecto que castiga el consumo y que rompe con ese principio que expuso Luis Alberto Moreno, en el sentido de que pague más quien gana más.

Queremos servicios y oportunidades propias del primer mundo, pero pagando impuestos propios del cuarto o quinto mundo porque ni siquiera en el tercer mundo es aceptable nuestro bajo nivel de recaudación. Nos imaginamos el colectivo respingo de narices que provocó el discurso del Presidente del BID porque dijo verdades que aquí­ suenan a malas palabras.