MALA MEMORIA


 Hace apenas unos dí­as se celebraba el  doscientos treinta y tres aniversario de la independencia de las trece colonias británicas en el territorio que luego se llamarí­a Estados Unidos de América. Como es costumbre, el Presidente de ese paí­s se dirige a su pueblo para conmemorar tan magna fecha. En esta oportunidad, le tocó el turno al presidente Barak Obama, el primer hombre de color escogido para «fortalecer» la convicción de la población de que efectivamente se vive en una democracia.

Carlos E. Wer

El discurso del presidente Obama se centró en recordar el espí­ritu con el que los patriotas que fundaron ese gran paí­s, llamados por el primer magistrado «pequeña banda de patriotas» iniciaran continentalmente un movimiento que se habí­a gestado en los cí­rculos intelectuales europeos. Una idea acariciada en los cí­rculos de pensamiento que habí­an generado Nicolás de Cusa y Godofredo Leibnitz. Una idea que deseaba romper con los lazos establecidos de monarquí­as corruptas y herederos de los Sarpi, que alejaban del pueblo cualquier oportunidad de ser protagonistas de su propia historia. Idea que impulsaran Enrique VII en Inglaterra y Luis XI en Francia.

 

Ante la imposibilidad de llevar a cabo esa transformación en la Europa monárquica, esos cí­rculos encontraron en el genio de Benjamí­n Franklin la posibilidad de que fuera en el Nuevo Mundo en el que esas ideas pudieran germinar y fructificar. Y esa «pequeña banda de patriotas», encuentra eco en personajes de la Europa aristocrática, especialmente en Francia en donde el joven Lafayette se convierte en uno de los más importantes y fieles aliados.

 

Luego de la épica confrontación de los patriotas y sus aliados, el nacimiento de esa nueva nación que representara para su pueblo y para el mundo el ejemplo de la primera república perfectamente soberana, que legara para la historia de la humanidad escrita en su Prefacio, la máxima de que, la más importante de las responsabilidades de un gobierno nacional, lo representa el bien común. Y que su búsqueda serí­a para garantizarlo tanto en las generaciones actuales, sino en aquellas por venir.

 

Y son los hombres de la talla de Alexander Hamilton, quienes legan a la humanidad el instrumento económico que pueda garantizar el goce, por parte de la población, del desarrollo y el progreso. El Sistema Americano de Economí­a queda escrito como un ejemplo para todos aquellos paí­ses que pretendan proporcionar a sus pueblos los beneficios de la explotación de sus recursos.

 

Y así­ es como de la mano del sistema, los Estados Unidos se convirtiera en una potencia industrial de primer orden. Más la pérfida, que nunca se conformó con haber perdido el dominio sobre esa nación, provocó, hasta cuatro guerras tratando de revertir esa pérdida. Y sus piezas, dentro de los mismos Estados Unidos, han trabajado más para los intereses del eterno sueño imperial inglés, que por el de la nación a que pertenecen.

 

La vorágine creada por los banqueros británicos en Europa alcanzó a la joven nación, llevándola a hundirse en la crisis del 29-33.

 

Franklin D. Roosevelt desempolva las viejas teorí­as económicas de Hamilton y compañí­a y revive ese espí­ritu del que habla el presidente Obama, y de la mano del Proyecto del Valle de Tenessee, impulsa el renacer industrial estadounidense, colocando a los Estados Unidos en la cumbre de los paí­ses industrializados.

 

Pero hombres como Truman, como Nixon, como Bush que han trabajado más por ganarse el tí­tulo de Sirs que por los intereses de su nación, iniciaron con sus polí­ticas, el camino que alejaba cada vez más el sueño del bien común de los padres fundadores, para hundirlo en las polí­ticas del Sistema Británico de Economí­a de «Libre Mercado» que tiene a los Estados Unidos sumidos en una grave crisis económico-financiera.

 

No le queda al presidente Obama, el hablar del espí­ritu de los padres fundadores, que lucharon por el bienestar de su pueblo, con las polí­ticas adoptadas por él, en el que se han derrochado miles de miles de millones de dólares, para rescatar a los ladrones que han provocado el derrumbe del bienestar de también millones de estadounidenses, que hoy están sin trabajo. No le queda hablar de los padres fundadores, cuando su proyecto para la Salud, pareciera más un proyecto fascista, que pretende recortar beneficios, cuando con la otra mano se los otorga a manos llenas a quienes han destruido a los Estados Unidos.

 

¡Creo que el presidente Obama tiene mala memoria!

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