Mal sabor


No se puede ocultar el mal sabor que ha dejado la acción de los rectores de las universidades del paí­s en contra de la ley de Comisiones de Postulación, a lo que se agrega la resolución de la Corte de Constitucionalidad. Sobre todo, porque se trata indudablemente de la apertura de la caja de Pandora porque tras esto puede venirse cualquier cantidad de acciones similares de los distintos gremios involucrados en el proceso.


En medio de todo, la celeridad que mostró la Corte de Constitucionalidad, y por la que ha sido criticada, al final de cuentas es buena porque elimina la incertidumbre, pero lo que en verdad preocupa es que se vengan nuevos actos similares que terminen por anular el logro de la sociedad al forzar a la aprobación de la ley en los términos ya conocidos.

Lo que esto demuestra y confirma es que no podemos seguir de brazos cruzados porque los malvados están activos 24 horas del dí­a, siete dí­as de la semana y los 365 dí­as del año, aprovechando cabalmente la indiferencia secular del pueblo de Guatemala que tarda mucho en reaccionar cuando se demuestra que el crimen organizado secuestró hasta el sistema de justicia en el paí­s.

Siempre dijimos que la aprobación de la ley no era panacea porque se buscarí­an vericuetos para jugarle la vuelta a las disposiciones de los legisladores respecto a la elección de magistrados de sala y de la Corte. Ahora los rectores nos dieron la razón porque está demostrado que los titiriteros del sistema harán cualquier cosa para asegurar que se mantenga el sistema sin alteraciones ni cambios. Lo cierto del caso es que el sistema seguirá cooptado por los malos en tanto los ciudadanos honestos del paí­s se mantengan al margen, se «quiten de ruidos» y dejen que los de siempre sigan siendo los que marcan el paso en la agenda nacional.

Desafortunadamente las condiciones son demasiado adversas y se necesita en verdad un gran empeño para lograr resultados concretos, pero lo más significativo es que abandonemos nuestro letargo, que nos sacudamos esa sangre de horchata que es caracterí­stica del comportamiento nacional, para entender que el sistema no lo cambiará una ley, ni la presencia positiva de una comisión internacional que hace enormes esfuerzos por ayudarnos. El problema está en nuestras manos y estamos obligados a enfrentarlo con seriedad y decisión.

Los rectores de las universidades pasan ahora a formar parte del retablo de quienes están al servicio de los eternos intereses que han dañado tanto a Guatemala y ojalá no se nos olvide.