Mal ejemplo del presidente Colom


Tengo un amigo al que aprecio mucho, cuyo nombre no menciono por respeto a su intimidad, además de que no he consultado con él, para que me autorice a identificarlo.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

El caso es que, desde muy joven, este mi camarada comenzó a fumar cigarrillos y mantuvo el hábito, el vicio o la dependencia -según la perspectiva de cada quien- durante décadas, y como para entonces consumir tabaco enrollado en papel era signo de masculinidad, la esposa no objetó en ningún momento que su marido fumara en su casa las veces que le diera la gana.

Transcurrió el tiempo y actualmente mi amigo y su cónyuge padecen de enfisema pulmonar, que es una dilatación excesiva y permanente de los alvéolos pulmonares con ruptura de los tabiques interalveolares, que generalmente provoca la muerte, aunque el matrimonio aludido logró a tiempo buscar y obtener asistencia médica, de manera que, pese a su avanzada edad, han podido salvar sus vidas, aunque con su salud muy deteriorada.

Traigo a cuenta este ejemplo, que se repite por miles de casos en todo el paí­s, porque diariamente mueren 16 fumadores activos y pasivos, por dos razones fundamentales, una de las cuales consiste en que el fumador no sólo provoca voluntariamente una enfermedad que puede precipitar su muerte, sino que la persona que permanece por mucho al lado del adicto a la nicotina, también es susceptible de enfermarse de los pulmones, el corazón, la laringe, los órganos genitales y otras áreas del cuerpo.

La otra causa que me mueve a escribir estas notas se refiere al anuncio del vicepresidente Rafael Espada, en el sentido de que el gobierno analiza aumentar los impuestos al consumo del tabaco y de los licores, para ingresar más dinero al fisco, a fin de contribuir a que el Estado satisfaga las necesidades más perentorias de la población..

Sin embargo, lo más importante radica en la engavetada iniciativa de ley propuesta por la diputada Zury Rí­os, respecto a prohibir que se fume en lugares cerrados; pero también esta eventual normativa serí­a vulnerable a ser violada, si el presidente ílvaro Colom persiste en fumar cigarrillos, como si el hábito lo hubiese encadenado para siempre, porque en más de una ocasión he leí­do declaraciones del ahora gobernante, prometiendo que dejarí­a de fumar tan pronto como culminara la campaña electoral, y luego repitió ese compromiso al indicar que abandonarí­a el vicio cuando asumiera el poder. ¿Lo habrá hecho ya o es como uno de tantos juramentos y palabras de buenos propósitos que se dicen el finalizar un año e iniciarse el siguiente?

El vicepresidente Espada, en su calidad de cardiólogo, deberí­a recomendar a su presidente y compañero de trabajo que deje de fumar, para que dé el ejemplo a todos los guatemaltecos, especialmente a los jóvenes que se inician en esa dependencia fatal que enriquece a las empresas tabacaleras.

(Romualdo Tishudo visita a un amigo suyo postrado en su cama a causa de una aguda crisis de enfisema pulmonar y observa detenidamente las dos piernas del paciente, quien airadamente reclama: -¿Por qué me mirás tanto las patas? Romualdo repone: -Es que el médico me dijo que ya tení­as un pie en la tumba).