Q- Qué peculiar y sensitiva la declaración de la Corte de Constitucionalidad publicada el miércoles en los diarios impresos en torno al litigio entre el Gobierno de la República y la Municipalidad de Guatemala sobre la regulación del horario del transporte pesado en la capital.
Lo particular de este documento se ubica en el inciso a) del apretado documento de la CC que textual y primorosamente declara «su respaldo colegiado a las decisiones del Tribunal, a la libertad de criterio de sus Magistrados, y su confianza en la ética y probidad de la totalidad de sus integrantes».
¡Púchica! Exclamé pedestremente a solas. Es la primera vez en mi larga y extenuante existencia que me entero de que un cuerpo colegiado se felicita a sí mismo, además de manifestar su respaldo a sus propias resoluciones y su absoluta credulidad a las decisiones de sus mismos integrantes.
Después de esa autocomplacencia jurídica y de alta autoestima personal y colectiva, podría ocurrir que cuando otro asunto de trascendental importancia sea discutido y aprobado por la CC, este tribunal vuelva a publicar campos pagados para manifestar su entera satisfacción por la labor que realiza y su contentamiento por obrar con pleno apego a la majestad de la ley.
Consulté al respecto a varios distinguidos juristas, que me indicaron que ignoraban que esta clase de autoalabanza haya ocurrido en otros países latinoamericanos, o sea que se trata de un caso inédito, para satisfacer las búsquedas del tal Ripley.
Pero el magistrado Francisco Flores les echó a perder esta autoglorificación, porque calificó a la ambigua resolución de la CC de «palanganera, ecléctica, híbrida, politiquera y salomónica». ¡Vaya, pues!
Q- A propósito de abogados, miembros de un bufete que funciona en las cercanías del Centro Médico, me han advertido por teléfono que me «atenga a las consecuencias» si no acudo a sus oficinas, después de conminarme insolente e inquisitorialmente.
Hace unos tres meses una coreana manejaba su automóvil en la calzada San Juan, cuando con su carro rozó el vehículo que yo utilizo, al rebasarme por la derecha. De inmediato, un hombre que iba a su lado, supongo que es su chofer, se colocó al frente del volante y la señora cambió de sitio.
A los pocos minutos llegó su esposo, también coreano, con un par de guardaespaldas, y luego un individuo que no se identificó, que resultó ser el ajustador de una empresa aseguradora. Me hicieron ingresar a un vehículo transformado en oficina, para que yo, mediante mi firma, me responsabilizara de los raspones del otro carro. Estampé otra rúbrica, abajo de un párrafo en la que consta que un notario da fe que es mi firma porque la escribí en su presencia. Ciertamente yo firmé, porque sabía que el procedimiento era ilegal en vista de que no se presentó ningún notario que comprobara que era mi signatura (¿falsedad material e ideológica?) como lo anoté en una de las hojas, además de que me amedrentaron y no me permitieron leer todo el documento.
Ahora me acosan telefónicamente y me amenazan con atenerme «a las consecuencias», si no me presento a sus oficinas, como si fuese tribunal. Si persiste el hostigamiento tomaré las medidas pertinentes, para mi protección personal y la respectiva denuncia judicial. Y daré a conocer nombres y apellidos al tribunal de honor del Colegio de Abogados.