Maestros, ¿hacerse creador?


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Mi admiración por la carrera magisterial y los maestros se inició hace muchos años, cuando pude dimensionar la profundidad de relación que uno establece con sus maestros y maestras que visto en retrospectiva, son prácticamente inolvidables muchos de ellos.

Juan José Narciso Chúa


La educación parvularia la realicé en la Escuela Pública Josefina Orellana, en dicha escuela tuve mis primeras maestras, extremadamente responsables con nosotros por nuestras edades. Recuerdo vagamente los nombres de las maestras Sara y Graciela.

La educación primaria la hice en el Colegio Loyola, en donde recuerdo con gran cariño a Carmen Vaides, Josefina Cruz de Lange, Carmen Castañeda y Teresita Castellanos, aunque no me enganché con las cuestiones de la Iglesia, sí fue una experiencia agradable con amigos, amigas y deporte.

Mi llegada al Central para Varones, fue un cambio completo en mi vida, por todo. Una enorme diferencia de un colegio católico a las aulas del glorioso y centenario Central. Profesores acá, una lista interminable, unos particulares por sus formas otros por sus castigos, otros por su sapiencia y otros por su tranquilidad. Augusto de la Peña, Fernando Santos, América Duarte, Carmen Ponce, Pichón nuestro inolvidable profesor de física, don Chaín de León y su hijo, Vicente Medinilla, Salomón Aldana, Augusto Cuéllar y otro montón más.

Al final me gradué en la Escuela de Comercio, en donde resultan inolvidables, Luis Alfonso Padilla, Betsabé Salazar, doña Grace, Roberto González; Cashé Cordón, Alicia Pinot, en fin otro montón de profesores a quienes debo mucho de lo que soy.

Si trato de responder la pregunta planteada en el título de la columna y formulada por José Martí, no dudo en decir que sí, sí fue hacerme creador y aún obvio mis profesores de la Universidad de San Carlos, los de la Maestría en el INAP y los de la maestría en New Mexico, quienes también contribuyeron a la comprensión, el análisis, la interpretación y la síntesis, todo fundamental para crear un pensamiento crítico.

No cabe duda que la controversial Reforma Magisterial constituye un verdadero parteaguas en la historia de la educación nacional del país. Las dos etapas claramente planteadas: Preparatoria y Especialización, me parecen que guardan sentido para poner al esquema educativo ante los nuevos retos del tiempo y en esa frase de hacerse creador. Sin duda también merecen discutirse algunos aspectos. Uno que me llama la atención es que cuando se habla de la Ruta Jurídica, en la fase preparatoria, se deja al final una oración, que pareciera haber quedado suelta, sin asidero, o equivocadamente, puesto que no se desarrolla en el texto en absoluto, pero es contundente y señala: Al finalizar esta etapa (preparatoria) la persona no está habilitada para ejercer la docencia. Lástima que quedó así, pues creo que abre dudas, genera contradicciones, abre interrogantes lógicas, puesto que una de las motivaciones centrales para estudiar magisterio o perito era o es obtener un trabajo rápidamente “para ayudar en la casa” (tal como reflexionábamos y concluíamos en nuestros apenas 16 años, allá en la 9ª calle del centro con mi viejo y querido amigo Danilo Flores).

Las actualizaciones de las carreras resultan imprescindibles, según las comparaciones que se incluyen en la propuesta de reforma magisterial, Guatemala es el único país que no ha actualizado su carrera normalista; sin embargo, es imprescindible insistir que la imposición no es la vía para implementarla, ni tampoco la negación sin análisis y contrapropuestas. No cabe duda que la ruta normalista se plantea para otra dimensión, otro futuro, otros tiempos. Bien vale la pena analizar con mayor detenimiento esta propuesta de reforma.