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Harri F. Brown, sociólogo por la Universidad de Yale, New Haven, Connecticut, viajó a Washington, D.C., hospedándose en el hotel Woodstock. De mañana salió a desayunar (two scrambled eggs, with bread and butter, and a cup of coffee).

Wilfredo Valenzuela

Cerca estaba la avenida Pennsylvania y se dirigió a pie, hacia el Capitolio, en donde debía hacer unas consultas en la biblioteca acerca de las causas de la Guerra de Secesión durante los años l861 y 1865, no obstante que, en un principio sabía que el motivo fundamental fue la segregación de varios Estados del Sur, empecinados en mantener en esclavitud a los habitantes negros, explotados, azotados y asesinados. Esta práctica se agudizó en 1867 con la fanática e intolerante organización del Ku-klux-Klan, alentada desde esa época, por gobernantes cuyo ejemplo se trasladó a otros países del continente para que los sectores con otros nombres infligieran estigmas contra caribeños, indígenas y mestizos.

 Una vez solicitado buen número de legajos, recordó, que por primera vez conocía esa parte de la historia de su país, que la Carolina del Sur, en 1860, se separó de la Unión y que, al estallar la guerra civil, Fort Sumter, en Charleston, fue bombardeado por el general Pedro Beauregard, de las fuerzas armadas confederadas, pero que en la llamada batalla de Shiloh, las fuerzas armadas de la confederación fueron desalojadas por los soldados de la Unión.

  Anotó que un mes antes de esa batalla, Jefferson Davis fue proclamado presidente de la Confederación, compuesta por los estados segregacionistas de Misisipi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana, Texas, Tennessee, Arkansas y las Carolinas.

El general Robert Edward Lee, jefe supremo del ejército confederado, fue derrotado, lo que provocó que huyera a Virginia desde Maryland, hasta donde había avanzado, alentado por su victoria del Bull Run, considerada como la primera batalla de la guerra civil.

La presidencia de Lincoln y su asesinato eran para Brown data processing, de modo que no hizo notas y omitió la batalla de Gettysburg y el discurso de Lincoln en esa ocasión. No reparó en la batalla de los Yermos ni en la de Chattanooga, pero sí tarareó, quedamente, la melodía de un tren que hiciera famoso a Glen Miller.
Siendo admirador de la causa Unionista, ya sabía que el general fue vencido definitivamente, hacia 1865, en Appomattox, Court House, Virginia, por el ejército de Grant.

Lo que si llamó su atención fue un informe del general Grant que,  habiendo hecho prisioneros a soldados confederados en la batalla de Shiloh y luego haberlos liberado, supo que dos de ellos, de nombres Noah Boot y Charles Scott, habían torturado y asesinado a un negro, esposa y dos hijas, prendiéndoles fuego después de causarles heridas longitudinales en brazos y piernas, con una balloneta.

El general Grant ordenó la recaptura de los dos soldados sureños, que nunca fueron encontrados, aunque se sabía que se dedicaban a robar caballos  que luego vendían y volvían a robar, lo mismo que vender aguardiente de maguey a los Siux.

Brown tomó nota y, de regreso al hotel, compró un periódico donde se publicaba un acuerdo del gobierno estadounidense en el que por iniciativa del Pentágono, la Casa Blanca decidió, más de un siglo después, reconocer los méritos de Noah Boot y Charles Scott, erigiéndoles héroes de guerra y otorgándoles galardón post morten del Corazón Púrpura.

La resolución original que días después consultó Brown, llevaba la firma de George W. Bush.