ílvarez: «Somos muy peligrosos»


Kanouté fue el verdugo del Barcelona en el partido de ida ante el Barcelona. FOTO LA HORA: AFP

El entrenador del Sevilla, Antonio ílvarez, estaba moderadamente satisfecho a la conclusión del encuentro de ida de la Supercopa. Superado en un primer tiempo más que discreto, su equipo supo rehacerse con entereza en la segunda mitad.


«El 3-1 es un buen resultado. Muy bueno, sobre todo tras el 0-1 de la primera mitad. No puedes estar tranquilo cuando delante tienes al Barcelona, pero sirve para coger confianza. Cuando estamos bien, somos muy peligrosos», afirmó el entrenador del Sevilla. «No es que Romaric lo estuviera haciendo mal, pero necesitábamos otro tipo de fútbol. Necesitábamos pausa, que sí­ la tiene Cigarini», amplió luego ílvarez, sincero a la hora de aclarar que «la alineación no se hace por capricho». «Querí­amos apretarle al Barcelona desde arriba. Al final opté por dos puntas porque tení­amos que arriesgar. Si se perdí­a, habí­a que hacerlo quemando las naves».

También tuvo el preparador palabras de elogio para los buenos minutos de ílvaro Negredo. «No hay sobrecarga de partidos», acabó asegurando. «Â¿Prioridad? Por lo económico, la Champions. Pero ganar un tí­tulo también te da prestigio. No voy a dar prioridad alguna».

Con moderada satisfacción se expresó también el presidente de la entidad, José Marí­a del Nido, el hombre bajo cuyo mando el Sevilla ha logrado seis tí­tulos en los últimos cuatro años. «Lo primero que quiero hacer es felicitar a los 40.000 sevillistas que han venido al campo un 14 de agosto. Con esta afición todo es posible», admití­a el máximo dirigente del Sevilla, quien se refirió al asunto que tiene en vela al sevillismo, la posible venta de Luis Fabiano al Marsella. «Espero y deseo que Luis Fabiano se quede muchos años con nosotros», indicó el dirigente andaluz. Al Sevilla le ha llegado una última oferta de los franceses por 12 millones de euros más tres por incentivos: «Se acerca la Liga de Campeones y no estamos en condiciones de alterar nuestra plantilla».

Otro de los jugadores destacados del Sevilla, como casi siempre, fue Jesús Navas. Satisfecho por el homenaje que la entidad le ofreció en la previa del partido por haber ganado la Copa del Mundo, Navas indicó que «el resultado no es definitivo. Quedan 90 minutos en el Camp Nou que serán muy largos. Ellos tienen jugadores que en cualquier momento te pueden hacer un gol». Kanouté, por su parte, expuso: «Nos llevamos un buen sabor de boca después de un primer tiempo en el que fuimos superados». «Ahora partimos con ventaja, hemos sabido remontar pero nos tocará sufrir en la vuelta», finalizó.

Supercopa Kanouté rompe el ideario


Sin los campeones del mundo, con un puñado de canteranos emergentes de buenas maneras, el Barcelona se mantuvo fiel a su estilo en el primer asalto de la Supercopa para acabar fagocitado por un Sevilla que supo rehacerse con orgullo para ganar un partido que se le puso complicado con un gran resultado.

Ayudado por un Sevilla que le facilitó el camino en la primera parte, el Barcelona acabó superado de forma evidente por un rival inocuo al principio y mucho más equipo cuando recuperó, en la segunda parte, sus indudables señas de identidad. Entre ellas, jugar al asalto, siempre con dos delanteros, y olvidarse de acumular hombres en el centro del campo faltos de ritmo y tensión, como Renato y Romaric. Contó además el Sevilla con un hombre fundamental a la hora de derribar, a base de contundencia, lo que Guardiola habí­a manejado en su pizarra: Kanouté. El delantero, enorme, se comió a medio Barcelona con su fiereza en el remate.

En el choque de idearios, brilló primero con luz propia el del Barcelona, que se permitió el lujo de gozar con los movimientos que apuntan a futbolista grande de Oriol Romeu e incluso vislumbrar sí­ntomas de mejorí­a e implicación en Ibrahimovic. Ante este bagaje, el Sevilla, superado en un inicio, respondió bien en la segunda mitad, cuando volvió a sus orí­genes, al juego más directo en busca de Luis Fabiano y Kanouté más la ayuda de Cigarini, un fichaje que ofreció visión de juego y toque.

Entonces, el Sevilla fue fiel a sí­ mismo para remontar un partido que el Barcelona dominaba a su antojo y que acabó perdiendo de forma justa. Fue en el momento en el que los de Antonio ílvarez soltaron amarras y fueron al asalto de un rival de buenas maneras, pero poco cocido. Así­, el Sevilla pudo golpear primero en la Supercopa.

Todaví­a embelesado por la consecución del tí­tulo mundial en Sudáfrica, el fútbol español se dio de bruces con la competición oficial en este duelo de ida de la Supercopa. Un torneo menor, tozudamente condenado a jugarse a ida y vuelta y aún más empequeñecido por la ausencia de ocho protagonistas muy significativos de la gesta africana. No quiso Guardiola asumir riesgos y dejó en casa a los campeones.

Todaví­a dio un paso más el preparador al situar en el banquillo a Messi. Menos brillo para la Supercopa y puesta en escena de un once con cuatro canteranos y siete jugadores del primer equipo, los que obligaba la normativa de la competición. Con muchas menos reservas encaró el choque el Sevilla, que si bien mira de reojo la previa de la Liga de Campeones ante el Sporting de Braga, se tomó la Supercopa con seriedad. Tanta, que al final Antonio ílvarez decidió alinear a Jesús Navas, homenajeado antes del choque.

Eso sí­, consciente de que jugar con el Barcelona siempre es un asunto delicado, ílvarez optó por blindar el centro del campo y jugar con un solo punta, Luis Fabiano. Kanouté y Negredo se quedaron en el banquillo en una decisión extraña en el manual del técnico andaluz.

El Sevilla, favorito casi sin quererlo y más rodado, quiso ser protagonista desde el inicio y no se arrugó ante la enésima demostración de fidelidad del Barcelona a su estilo, una simbiosis de presión, toque y posesión. Con niños o con hombres, el campeón de Liga no pierde sus señas de identidad. La iniciativa fue del Barí§a, aunque los futbolistas del Sevilla respondieron con una presión feroz, casi intimidatoria ante un rival preñado de juventud. Pudo golpear Navas, que probó a Miño, pero quien lo hizo fue el Barcelona.

El excepcional pase de Maxwell, que jugó de interior, fue bien rematado por Ibrahimovic, más listo que un lento Fazio. El universo de superioridad del Barcelona se disipó luego, justo cuando el Sevilla ahuyentó sus complejos y mostró el repertorio que le he hecho grande.