He recibido una tarjeta de profundo agradecimiento, enviada por los dilectos hijos de Luz Méndez de la Vega: Sonia, Coralia y Rodolfo Asturias Méndez. Al abrirla he leído detenidamente un poema de Luz que manifiesta un diálogo constante con el paso indetectable de la vida:
“Noche a noche,/ un día muere sobre el otro./ Noche a noche,/ se deshoja la luz/ sobre las sombras./ Invisibles/ los años mueren/ sobre la última cifra/ de los diciembres./ Ciegamente vamos/ de olvido en olvido,/ dejando atrás/ los cuerpos que un día/ habitamos/ -disfraces inútiles/ de sucesivas muertes-./ Y… este hoy que somos,/ que llora ausencias,/ o ríe/ entre la desolación/ de un desierto sin memoria,/ tampoco será tu ‘yo’/ la próxima semana./ Aunque frente a este día/ no te conmueva/ ni tu cadáver de ayer mismo,/ que olvidas/ sobre el otro y el otro/ sepultados en el tiempo,/ junto a tus risas infantiles,/ tus amores primeros/ y el primer dolor/ que arrugó tu frente./ Todos irrescatablemente/ hundidos/ en el tiempo amarillo/ de los álbumes/ y tras esa cara y cuerpo/ que llamas/ por tu mismo nombre/ y que cada día/ va siendo menos tuyo.” Asimismo he leído en la tarjeta un sentido mensaje dirigido a mi persona, que dice lo siguiente: “Tus padres y nuestra madre tuvieron una amistad que duró toda la vida. Gracias por estar presente en estos momentos de tristeza. Sonia, Coralia y Rodolfo.” Guatemala de la Asunción Marzo 2012. Esta preciada nota me ha hecho recordar con gran emoción esa perdurable amistad y también la admiración mutua que siempre existió entre mi querida Luz y mis señores padres don León Aguilera y María del Mar. Muestra de ello son las sinceras dedicatorias que escribía en sus libros. En el poemario “Tríptico” anotó con su particular estilo de letra: “Admirados María del Mar y León, ¿qué podría decirles que correspondiera a lo que les debo? A María del Mar por su palabra y voz maravillosas de sus ‘Oros Líricos en el Atardecer’ y a León por la honda y poética voz suya plasmada para mí ‘Eva sin Dios’ en sus ‘Urnas del Tiempo’. Dos tesoros para un afecto, gratitud y devoción, Guatemala mayo 1981.” Me siento también muy honrada de que esa amistad se haya extendido con especial afinidad hacia mí. Recuerdo el regocijo que sentí cuando me enteré de que Luz Méndez de la Vega era asidua oyente de mi programa “Tribuna del Jazz”. Leí detenidamente el artículo titulado “Tribuna del Jazz y Música Clásica” que me dedicó el sábado 10 de marzo de 2007, publicado en el Suplemento Cultural de Diario La Hora, en el que expuso: “Hay que felicitar a Grecia Aguilera, por el éxito logrado con el esfuerzo y cuidado desinteresado puesto en Tribuna del Jazz en favor de la cultura musical de Guatemala.” Igualmente se vienen a mi memoria las palabras que expresó Lucita cuando le escribí un artículo publicado el sábado 19 de julio de 2008 en el Suplemento Cultural de Diario La Hora, con motivo de la presentación de su libro “Frágil como el Amor”: “Grecia, usted hizo un poema de mi poesía.” Y en verdad le escribí un poema que titulé “Cosmogénesis creadora” que dice así: “Dios hizo a Luz y su palabra./ Cosmogénesis creadora/ lampo diamantino/ prisma iridiscente/ matices refulgentes/ de Erato su imagen./ Enigmática esfinge/ escapada cual espuma/ de científicas figuras/ de mentes inventoras/ de artificiales luces/ mundo de Arago/ Faraday y Ampere./ Labrada de conocimiento/ Rosa de los Vientos/ alma entrelazada/ nelumbo luminoso/ fotosfera de Sirio/ resplandeciente y fugaz./ Meharis del Sahara/ en el tiempo interminable/ cabalgan junto a Fidias/ llevan en sus lomos/ códigos muy sabios/ papiros imborrables/ contenidos en el cuerpo/ de una Eva prodigiosa/ que escribe en las estrellas./ Dios hizo a Luz y su palabra.”